Analistas 31/07/2026

Construir sobre lo construido

Billy Escobar
Exsuperintendente de Sociedades

El próximo 7 de agosto, Colombia iniciará un nuevo ciclo de liderazgo institucional. Nuevos equipos asumirán la conducción de ministerios, entidades públicas, empresas con participación estatal y juntas directivas. En todos los casos encontrarán entidades que no comienzan con su llegada. Detrás de cada una existe una historia, una cultura, procesos consolidados, capacidades técnicas y personas que, con sus aciertos y errores, han construido un conocimiento institucional llamado a convertirse en el principal punto de apoyo para los nuevos liderazgos.

Ese saber hacer no pertenece a una sola persona. Es el resultado de años de experiencia y de las lecciones aprendidas por quienes han pasado por las instituciones. Con el tiempo, esa experiencia compartida se convierte en conocimiento institucional y constituye su activo más valioso. Allí reside la memoria de las decisiones, la comprensión de los procesos y la capacidad para anticipar riesgos y resolver problemas. Sacrificar ese capital por razones ajenas al interés institucional debilita a la entidad, interrumpe el proceso de acumulación de conocimiento y obliga a recorrer caminos que otros ya habían transitado.

Las instituciones que perduran encuentran mecanismos para preservar ese conocimiento. La continuidad no depende únicamente de quienes llegan a dirigirlas. Depende de la capacidad para transmitir la experiencia acumulada entre generaciones y convertirla en el punto de partida para nuevos avances. Preservar ese capital no es solo una decisión de buena gestión. Es un acto de responsabilidad con la ciudadanía que espera resultados y con un país que necesita entidades cada vez más sólidas, eficaces y legítimas. Al fin y al cabo, la legitimidad también se construye cuando las instituciones son capaces de aprender de su propia experiencia. Los cambios de liderazgo producen mejores resultados cuando se apoyan en lo que ya se sabe hacer.

Los protocolos de familia de muchas empresas familiares ilustran bien esa lógica. Antes de asumir posiciones directivas, las nuevas generaciones recorren las diferentes áreas del negocio. Conocen la operación, entienden los procesos, aprenden de quienes llevan años construyéndolo y comprenden las consecuencias de cada decisión. Ese recorrido no retrasa el acceso al liderazgo. Lo fortalece, porque las decisiones dejan de sustentarse únicamente en la autoridad del cargo y pasan a apoyarse en un conocimiento construido durante años.

William Ouchi llegó a una conclusión semejante con la teoría Z. La rotación por las diferentes áreas forma líderes con una visión integral del negocio y fortalece su capacidad para comprender cómo una decisión tomada desde la alta dirección repercute sobre el conjunto de la organización. El liderazgo se ejerce con mayor solidez cuando reconoce y aprovecha el conocimiento técnico de quienes sostienen diariamente la operación.

Las instituciones más sólidas no son aquellas donde cada relevo pretende demostrar que todo comienza con su llegada. Son aquellas capaces de convertir cada transición en un proceso de acumulación institucional, donde el conocimiento adquirido, las capacidades desarrolladas y las buenas prácticas se transforman en el punto de partida para nuevos avances. La innovación no consiste en sustituir ese conocimiento, sino en utilizarlo como base para seguir avanzando.

Construir sobre lo construido no significa renunciar al cambio. Significa comprender que el progreso institucional depende de la capacidad para aprender de sí mismo, proteger el conocimiento técnico y enriquecer el legado recibido. Los liderazgos que dejan huella no son los que comienzan de cero. Son los que entregan a la siguiente generación instituciones mejores de las que encontraron.

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