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La convergencia pendiente del sistema cameral

Billy Escobar

Las cámaras de comercio administran uno de los sistemas institucionales más importantes para la actividad empresarial colombiana. En 2025 registraron ingresos ordinarios por $1,57 billones, de los cuales cerca de $1,21 billones provinieron del registro mercantil. Al mismo tiempo, cuatro cámaras concentraron aproximadamente 62% de los ingresos totales del sistema y Bogotá participó con cerca de 36% de los ingresos públicos. Las cifras revelan una realidad que merece atención. Mientras la base empresarial que financia el sistema está distribuida en todo el territorio nacional, una parte importante de sus recursos, capacidades y espacios de representación continúa concentrándose en unos pocos actores, una realidad que plantea preguntas sobre la convergencia territorial del propio sistema.

La estructura empresarial registrada por las cámaras supera 1,8 millones de unidades productivas. Cerca de 95% son microempresas y aproximadamente 40% pertenecen al sector comercio. Esta realidad también plantea un desafío institucional evidente. El sistema se financia principalmente con pequeñas empresas distribuidas en todo el territorio nacional. Por eso, cualquier discusión sobre el futuro del sistema cameral debe observarse desde una perspectiva territorial y no solo desde sus principales capitales.

Durante las últimas décadas, las cámaras ampliaron significativamente sus funciones, pasando de administrar registros a desempeñar un papel cada vez más activo en competitividad, arbitraje, conciliación, innovación, emprendimiento, fortalecimiento empresarial e internacionalización. Sin embargo, esa evolución institucional no ha estado acompañada por una transformación equivalente en su modelo de ingresos, pues cerca de 77% de los recursos ordinarios del sistema continúa dependiendo de la registralidad, incluso en las cámaras con mayores capacidades institucionales. En otras palabras, la evolución de las funciones ha sido más rápida que la evolución de las fuentes de financiación que soportan al sistema.

Mientras algunas cámaras cuentan con mayores capacidades patrimoniales, financieras y operativas, otras desarrollan su labor en economías más pequeñas y complejas, donde la presencia institucional suele ser más limitada y las necesidades empresariales más apremiantes. Son precisamente estas cámaras las que acompañan de manera más cercana al pequeño comerciante y al emprendedor, facilitando procesos de formalización, fortalecimiento empresarial y desarrollo productivo local. La concentración económica es una consecuencia natural de la realidad productiva del país; la concentración de capacidades institucionales, sin embargo, no necesariamente debe serlo.

Es precisamente allí donde adquiere relevancia el papel de Confecámaras. A diferencia de gremios como la Andi o Fenalco, que representan directamente empresarios y sectores productivos, Confecámaras representa cámaras de comercio. Esa particularidad le asigna una responsabilidad distinta dentro del ecosistema empresarial colombiano. Su principal desafío no consiste únicamente en coordinar una red institucional, sino en lograr que las capacidades acumuladas por las cámaras más fuertes contribuyan a fortalecer a aquellas que operan en entornos más complejos y con menores oportunidades de desarrollo empresarial.

Las cámaras de comercio han sido determinantes para la formalización y el desarrollo empresarial del país. La evolución de las funciones del sistema ha sido evidente; el desafío ahora consiste en lograr que estas transformaciones también se reflejen en una mayor capacidad para cerrar brechas y generar oportunidades desde los territorios. Porque las instituciones nacionales cumplen plenamente su propósito cuando logran que las oportunidades lleguen con la misma intensidad al centro y a la periferia.

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Cámaras de Comercio