Analistas 24/07/2026

Las fronteras donde crece Colombia

Billy Escobar
Exsuperintendente de Sociedades

Cuando se analiza el desarrollo empresarial del país, la atención suele concentrarse en las grandes ciudades. Esa mirada deja en un segundo plano una realidad con enorme potencial. Las regiones de frontera albergan un tejido empresarial que, por su ubicación estratégica y diversidad productiva, puede convertirse en una de las principales apuestas para impulsar el crecimiento económico y la convergencia regional.

El Informe Regional 2026 de las 29.133 sociedades que reportaron información financiera a la Superintendencia de Sociedades permite dimensionar esa realidad. El corredor conformado por Santander, Norte de Santander, Cesar y La Guajira reúne 1.652 sociedades con ingresos superiores a $51 billones. En la frontera oriental, Casanare, Arauca y Vichada concentran 131 sociedades con ingresos cercanos a $2,7 billones, mientras que Nariño, Putumayo y Amazonas agrupan 144 sociedades cuyos ingresos superan los $5,7 billones.

La fotografía cambia al incorporar las personas jurídicas inscritas en el Registro Único Empresarial y Social, Rues. En el corredor Caribe-Venezuela existen más de 28.000 personas jurídicas, en la Orinoquía cerca de 7.300 y en la frontera amazónica más de 8.100. Incluso departamentos que no aparecen en la muestra de sociedades reportantes, como Chocó o Guainía, cuentan con empresas formalmente constituidas. La comparación se realiza exclusivamente con las cerca de 600.000 personas jurídicas inscritas en el Rues y no con los cerca de 1,8 millones de registros mercantiles, pues alrededor de 1,2 millones corresponden a personas naturales.

Ese tejido empresarial refleja la diversidad de la economía colombiana. En estos corredores participan empresas de comercio, servicios, manufactura, transporte, construcción y agroindustria, junto con organizaciones que han encontrado oportunidades en la transformación de frutos amazónicos, el aprovechamiento sostenible de la biodiversidad, las bebidas tradicionales, las artesanías, las industrias culturales y el turismo de naturaleza. No se trata de economías marginales. Son sectores tradicionales que conviven con actividades capaces de diferenciar la oferta colombiana por su origen, sostenibilidad e identidad territorial.

El verdadero reto no está en identificar ese potencial, sino en convertirlo en crecimiento sostenido. Para lograrlo será necesario consolidar empresas ancla que articulen proveedores locales, ampliar el acceso a mecanismos de financiación, fortalecer la innovación y acompañar a más organizaciones en la obtención de certificaciones de sostenibilidad, calidad y trazabilidad. Lejos de ser un simple requisito regulatorio, estas certificaciones abren puertas a nuevos mercados, fortalecen la confianza comercial y facilitan la participación en cadenas regionales e internacionales de valor.

Ese esfuerzo debe complementarse con una política comercial que reconozca las fronteras como corredores naturales de integración económica. Venezuela, Ecuador, Perú, Brasil y Panamá representan mercados con los que Colombia comparte historia, geografía y complementariedades productivas. Facilitar el intercambio comercial, fortalecer la infraestructura logística y diseñar instrumentos diferenciados para territorios con distintos niveles de desarrollo empresarial permitiría transformar ventajas geográficas en oportunidades de inversión, empleo y generación de riqueza.

Las fronteras no son el límite de la economía colombiana. Son una de sus mayores oportunidades. Allí existe un tejido empresarial que ya genera riqueza, empleo e innovación. Darle las condiciones para crecer significa fortalecer la competitividad del país desde los territorios y avanzar hacia un desarrollo más equilibrado, en el que la convergencia regional deje de ser una aspiración y se convierta en una política de Estado.

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