Post-extractivismos

Brigitte Baptiste

En días recientes nos visitó el profesor Eduardo Gudynas, reconocido académico del Claes de Uruguay, quien ha planteado una fuerte crítica a lo que llama los extractivismos de “tercera y cuarta generación” por sus gigantescos impactos sociales y ecológicos. En particular, considera que existen actividades mineras, petroleras, agropecuarias y en todo sector que dada su conexión con la economía globalizada no pueden garantizar una distribución justa y equitativa de sus eventuales beneficios, pues la oscilación de precios en los mercados internacionales les impone un régimen de riesgo que acaban pagando siempre los más pobres.

Las perspectivas de una transición a un modelo donde aún haya minería y actividades de gran escala implican para este autor una “desvinculación selectiva de la globalización”, una “lucha contra el recorte de derechos ciudadanos” que se produce cuando no hay un reconocimiento de su situación vulnerable y su oposición (ilustrada o no) a los grandes proyectos, una crítica a la ciencia por “no querer” ver los impactos y minimizar el riesgo, y, en últimas, un reclamo por la rentabilidad final de cualquier actividad, una vez hechas todas las cuentas. Complementa con una fuerte crítica a las estrategias de mitigación y compensación, especialmente contra la minería a cielo abierto, a la que denomina “amputación ecológica”.

Estando de acuerdo con muchas de sus críticas a las políticas económicas insostenibles que han predominado por décadas en América Latina, planteo tres breves reflexiones:

El impacto de las actividades extractivas, que siempre implicará modificaciones irreversibles en el ecosistema no depende de si es más o menos escandaloso, sino del contexto. Si llamamos amputaciones a algunas, habría que completar la analogía y pensar en el significado de las otras: las ciudades, campos agrícolas o infraestructura vendrían siendo ¿prótesis o tumores?

En la evaluación de los aportes al bienestar (nótese que no hablo de desarrollo) de la sociedad concuerdo, nos hemos quedado muy cortos, pero en el otro sentido: tampoco se han hecho bien las cuentas y endilgarle la miseria a las actividades extractivas es una simplificación injusta. La corrupción se ha comido buena parte de los recursos que deberían haber ido a contrarrestar la pobreza y también ciertos sectores del Estado han sido cooptados por el gran capital para no pagar impuestos o regalías justas, pero es poco probable que millones de personas hubiesen mejorado sus condiciones de vida sin los recursos derivados del petróleo o carbón, que por demás, han sido y serán por años la única fuente de combustible para mover comida y fabricar casi todo lo que utilizamos en las ciudades. No se vislumbran trenes solares trayendo plátanos del Ariari a Bogotá.

Concluyo con el papel de la ciencia, totalmente oscurecido por las distancias ideológicas que también han simplificado el debate, relegando la revisión epistemológica de las decisiones al plano de las conveniencias: cualquiera firma y publica estudios y opiniones sin un mínimo de rigor y es prácticamente imposible revisar nada porque ya todo lo dicho se ha convertido en “verdad” o se impone como argumentación pseudoética. La ecología y las ciencias ambientales van quedando atrapadas entre populismos y conocimiento prefabricado de lado y lado.

Hay que entender los dilemas de los post-extractivismos, en Gudynas.com.

TEMAS


Uruguay - Ambiente - Medio ambiente - Estado - Colombia - Energía y Minas - Petróleo - Minería - Hidrocarburos - Agro