Analistas 11/06/2026

Salud electoral y voto en blanco

Brigitte Baptiste
Rectora de la Universidad Ean

Una de las razones por las cuales las democracias liberales son el mejor sistema de gobierno, pese a sus limitaciones, está en la combinación de perspectivas que impiden que la polaridad emocional típica de nuestra especie instaure regímenes autoritarios. Se requiere garantizar la multiplicidad de fuerzas para no avasallar a las minorías. El sistema de doble vuelta electoral está destruyendo esta posibilidad al forzar a la ciudadanía a inclinarse por parejas de candidatos que, por obvias razones, buscan diferenciarse al máximo el uno del otro, acudiendo a triquiñuelas legales y a todas las malas prácticas comunicativas de las redes sociales. El ejercicio profundiza fracturas que, si bien al principio pueden ser retóricas y performativas, luego se convierten en lastres: lo dice bien el excandidato Fajardo, como se hace campaña, se gobierna. Y, lamentablemente, la campaña del candidato Cepeda la ha hecho el presidente Petro, para citar el lado que me produce más frustración. La “desaparición del centro” es uno de los resultados de la perversidad de la política convertida en espectáculo, y nos condena a la maldición del “menos pior” y a votar más “en contra de” que “a favor de”, porque al final lo que viene contando son las pasiones, el miedo y no lo programático. El éxito operativo de los gobiernos de un solo partido, como en China, es que hay un programa que genera y rige la política de Estado y la pone en manos de una persona; la desventaja es la desaparición del disenso, que acaba por constituirse en traición a la patria y en la fuente de abusos e insostenibilidad idénticos a los de la extrema derecha. ¿Hay una alternativa moderna a esta tragedia? ¿Sería posible constituir una democracia programática pluralista, alejada de la invención de identidades heroicas de personas que, por buenas que sean, son solo eso: personas? ¿Tal vez la segunda vuelta debería incluir siempre los tres candidatos con mayor votación y no solo dos?

Me hago todas esas preguntas porque la disyuntiva electoral del presente, que se repite en Perú por estos días, me parece totalmente perversa y creo que impide expresar con profundidad la voluntad de los votantes. No pongo en la misma balanza moral a los dos candidatos colombianos, pero ese no es el tema. Quiero elegir un proyecto que reconstruya la seguridad y la salud, al tiempo que fortalezca la ciencia, la innovación y el desarrollo agrario, que incluya una perspectiva socioambiental que vaya más allá de repartir tierra o subsidios, alejada del maniqueísmo animalista y de la falta de disposición al debate técnico; que renuncie a una presencia internacional con el doble estándar de la presente, y, muy importante, un proceso de evolución social y cultural que garantice los derechos plenos de la comunidad Lgbtiq+, manoseados por todas partes. Ese candidato ya no existe y no veo por qué ir a las urnas a tragar tantos sapos. Por lo cual, más que aclarar mi voto, que a nadie tiene que importar, quiero ratificarles a las personas que tal vez estén en la misma situación que siempre existe el voto en blanco, que es útil para proteger la democracia y que podría llevarnos a reformas políticas importantes si no queremos repetir, en cuatro años, esta tragedia. Entretanto, saber sobrellevar la impopularidad de ser siempre una minoría.

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Política - Elecciones presidenciales