Analistas 24/06/2026

Colombia sigue siendo socialista

Camilo Guzmán
Director ejecutivo de Libertank

No puede haber patria milagro en un país con las ideas equivocadas. Después del resultado electoral que le permitió al país respirar de nuevo aires de libertad, hay que hacer algunas reflexiones. La euforia del triunfo político no puede cegarnos ante una realidad: más de la mitad del país todavía cree en las ideas estatistas que han empobrecido a naciones enteras. Ganamos las elecciones, pero el software mental de los colombianos sigue siendo profundamente socialista.

El verdadero enemigo de Colombia nunca fue solo el gobierno de turno; es la programación mental que compartimos desde niños. Nos adoctrinaron en el aula de clase, en nuestras familias y hasta en la televisión para creer que la riqueza es un juego de suma cero. Nos sembraron el chip de que la economía es una torta fija donde el rico se hace rico obligatoriamente empobreciendo al pobre; que el empresario es un villano explotador; que los negocios son “anti-derechos”; y que el Estado debe ser un padre protector encargado de proveerlo todo de forma supuestamente gratuita.

Producto de este adoctrinamiento cultural, el mapa de la mentalidad colombiana se divide hoy en tres categorías. Primero, los Creadores: aquellos trabajadores y empresarios que se levantan todos los días a generar valor real mediante el esfuerzo, el trabajo duro y el intercambio libre y voluntario. En esta categoría no hay distinción de clases; cualquier persona que madruga a trabajar e intercambia su esfuerzo por una compensación actúa como un creador.

Segundo, los Reclamadores: personas atrapadas en la lógica del resentimiento, la igualdad material y la culpa. Su herramienta principal es el reclamo constante frente a lo que consideran injusto, exigiendo mediante la retórica de la “deuda social” recursos del Estado que ellos mismos no han participado en crear.

Y tercero, los Saqueadores: muchos políticos y burócratas que tienen como negocio utilizar la coerción, el poder, los impuestos confiscatorios y las regulaciones asfixiantes para vivir de forma parasitaria del esfuerzo del Creador.

Esperar que el resultado de ayer cure esta realidad es una ingenuidad peligrosa. Como bien lo advierte Juan Mario Giraldo: “De nada te sirve que Abelardo se convierta en Milei si la demanda, la opinión colombiana, no es capaz de entender la relación que hay entre la libertad y la prosperidad”. Los políticos no están en el negocio de transformar mentalidades; están en el negocio de ganar elecciones y mantener la popularidad. Son, por definición, seguidores de ideas, no creadores de ellas.

Si la ciudadanía sigue pidiendo intervención, subsidios o proteccionismo trasnochado, el político cederá para asegurar su supervivencia. De nada sirve tener un gobernante con las ideas correctas si la opinión pública sigue demandando locura.

Tenemos que transformar la mentalidad de los colombianos, enamorarlos de la libertad, para poder construir una verdadera patria milagro. No es momento de dormirnos. Las urnas nos dieron un respiro, pero el país real está lejos de ser el escenario libre que necesitamos para que las personas progresen por mérito propio y los negocios florezcan sin la zancadilla constante del Leviatán estatal. O transformamos los corazones y las mentes de nuestra gente hoy, o la euforia del domingo será solo la anestesia de la crisis de mañana. Sin libertad, nada; por la libertad, todo.

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