Durante siglos, hombres brillantes persiguieron el móvil perpetuo: una máquina que, una vez en marcha, se moviera para siempre sin recibir energía de afuera. Ninguno lo consiguió, y no por falta de talento, sino porque es físicamente imposible. De una máquina no sale más energía de la que se le mete.
Lo mismo ocurrió con la cuadratura del círculo, dos mil años buscando con regla y compás un cuadrado del tamaño de un círculo, hasta que en 1882 Ferdinand von Lindemann demostró que no era un problema difícil. Era un problema sin solución.
La Ley de Rescate Económico es el móvil perpetuo de la política fiscal colombiana. Pretende cerrar un hueco enorme, de $80 a $90 billones, sin tocar lo que lo abre cada año: un Estado que hace más de lo que puede pagar. Es cierto que la ley promete algunos recortes, en contratos de prestación de servicios, en nómina, y pide facultades para fusionar entidades, pero fusionar no es eliminar, y una entidad que conserva todas sus funciones con menos gente sigue haciendo lo mismo, solo que peor.
El problema fiscal de Colombia no es de ingresos, es de gasto. En 1990 al Gobierno Nacional le entraban 8,9 de cada 100 pesos del PIB y gastaba 9,6. En 2025 le entraron 16,4 y gastó 22,8. En la pandemia el gasto subió de 18,7 a 22,9 por una razón extraordinaria, pero nunca volvió a bajar. El Estado se quedó para siempre en la pandemia.
Dicen algunos que el Estado colombiano es pequeño, que Europa gasta más. Es como decir que un soldado de 1,80 con un maletín de 100 kilos hace el mismo esfuerzo que uno de 1,40 con el mismo maletín. Europa se hizo rica con un Estado que gastaba 10 de cada 100 pesos, y en 1960, ya rica, gastaba 28. Colombia, sumando todo el sector público, va en 34 sin haberse hecho rica.
Por eso el nombre de la ley no corresponde a lo que hace. No rescata la economía, rescata al Estado con la plata de quienes producen. El Ministerio de Hacienda llegó a publicar en X que “el tamaño del Estado se reduce en cerca del 70 %”. No es cierto. Lo que anuncia son recortes en papelería, viáticos, publicidad y contratos de prestación de servicios. El resto del ajuste, como siempre, sale de impuestos nuevos. De cada 100 pesos de ajuste, 25 salen de gastar menos y 75 de cobrar más.
El ministro Gómez dijo hace poco: “Nosotros sí creemos que sin corrupción y sin derroche la plata alcanza”. Eso lo creen muchos colombianos, pero no es cierto. La corrupción y el derroche son un problema, pero son un problema de cómo se gasta, el problema mayor de Colombia es cuánto gasta el Estado y en qué. Mientras conserve todas sus funciones, conservará todos sus gastos. Pedirle que cuadre las cuentas sin soltar ninguna es la cuadratura del círculo: no es difícil, es imposible.
Una verdadera ley de rescate económico no pretende imposibles: resuelve el problema real y le quita funciones al Estado para siempre. Decide qué cosas no debe hacer y deja de hacerlas. Esa decisión cuesta votos, y por eso ningún gobierno, de ningún partido, la quiere tomar. Sin ella, cualquier ajuste es temporal: el gasto vuelve, y con él la siguiente tributaria.
En 1775 la Academia de Ciencias de París decidió no examinar más proyectos de movimiento perpetuo ni de cuadratura del círculo. Ojalá el Congreso tenga la misma sensatez. No se puede gastar como un Estado grande y cuadrar las cuentas como uno pequeño. Alguien siempre paga, y casi nunca es el que gasta.