Analistas 08/07/2026

Hay que liquidar Rtvc

Camilo Guzmán
Director ejecutivo de Libertank

El 13 de junio de 1954, a las siete de la noche, Colombia vio televisión por primera vez. Sonó el himno nacional y, acto seguido, en la primera imagen transmitida en la historia del país, apareció un general: Gustavo Rojas Pinilla le habló a Colombia desde el Palacio de San Carlos y declaró inaugurada la televisión. La fecha no fue un azar, pues era, exactamente, el primer aniversario de su golpe de Estado. La televisión colombiana nació como el regalo de cumpleaños que un gobierno militar se dio a sí mismo.

Después de setenta y dos años llegó la hora de liquidar Rtvc, no de reformarlo, despolitizarlo ni blindarlo del gobierno de turno: liquidarlo. Dirán que no le pertenece al gobierno, sino a los colombianos, y suena bien, pero es falso. Ser dueño es poder usar, vender y decidir. ¿Puede usted, “dueño” de Rtvc, vender su parte, nombrar al gerente o negarse a pagarlo? No. ¿Y el gobierno? Nombra al gerente, fija el presupuesto y marca la línea editorial todos los días. Lo que es de todos no es de nadie y termina en manos del que tiene la llave de la Casa de Nariño.

La discusión de fondo no es si es posible entonces tener programas y un noticiero equilibrado en su parrilla, sino si el Estado debe tener medios de comunicación. El Estado es el actor más poderoso de una sociedad, el único que hace las leyes, cobra los impuestos y tiene el monopolio de la fuerza. Toda la tradición republicana y liberal existe para limitar ese poder, porque siempre el poder sin contrapeso termina abusando. Las cortes, el Congreso y otras instituciones controlan al gobierno, pero todos esos frenos viven dentro del propio Estado, y nadie es buen juez en causa propia. Los medios de comunicación y la prensa libre son un importante contrapeso que opera desde afuera: son la mirada del ciudadano sobre el poder. Un medio del propio Estado es el árbitro que juega para un equipo: cobra las faltas a su favor y firma él mismo el acta. Cuando el vigilado le paga la nómina al vigilante, el que se queda ciego es el ciudadano. Y no sirve prometer que ahora sí lo manejarán bien: pedirle al gobierno de turno que blinde su propio medio es encargarle al zorro el diseño del gallinero.

Por supuesto, hay algunos contenidos valiosos sobre cultura nacional, tradiciones, entre otros, que quizás el mercado no esté interesado en producir, pero la sociedad colombiana quiere que existan. Pero financiar contenidos no obliga a poseer una serie de canales de televisión y emisoras de radio. Para eso basta con ampliar el fondo público concursable, con jurados independientes, que hoy existe, por ejemplo, para el cine y otras producciones: se puede subsidiar la música sin nacionalizar la orquesta.

Liquidar Rtvc no es la reforma más grande, quizás tampoco la más importante para el gobierno entrante, pero puede ser la más reveladora, porque mide la intención del poder de renunciar a un pedazo de sí mismo. Hace unos días una persona muy cercana al nuevo gobierno me dijo que Abelardo De La Espriella no era Petro, que había que dejarlo porque era muy importante; le respondí que las instituciones no se diseñan para el gobernante que uno quiere, se diseñan para el que uno teme. Liquidarlo hoy es el seguro de todos para mañana.

En 1954, un general encendió una pantalla para que Colombia lo mirara a él y, setenta y dos años después, todos los gobiernos han hecho lo mismo, no porque todos fueran perversos, sino porque el aparato fue diseñado para eso. Ya es hora de apagarla.

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