Analistas 17/05/2026

El problema detrás del crecimiento económico en Colombia

Carlos David Alape Gamez
Analista de Mercados en Aval Asset Management, experto en Economía y Finanzas, investigador y docente universitario

El crecimiento de la economía colombiana en el primer trimestre de 2026 dejó una sensación incómoda, el país volvió a expandirse, pero las fuentes que explican esa recuperación son, precisamente, las que menos garantizan sostenibilidad de largo plazo. El PIB creció 2,2% anual, una cifra superior al débil desempeño observado durante buena parte de 2024, pero insuficiente para ocultar una realidad estructuralmente preocupante: Colombia está creciendo impulsada por gasto público corriente, mientras la inversión productiva y varios sectores estratégicos continúan deteriorándose.

El dato más revelador del informe del Dane no está únicamente en la expansión del consumo final de gobierno, que creció 7,8% anual, sino en la composición misma del gasto estatal. La actividad de administración pública, defensa, educación y salud aumentó 5,7% y explicó, por sí sola, 0,9 puntos porcentuales del crecimiento total del PIB, convirtiéndose en el principal motor de la economía colombiana durante el trimestre.

El problema es que este impulso no está asociado a una expansión vigorosa de la inversión pública o de infraestructura productiva. Por el contrario, las cifras del Ministerio de Hacienda muestran que el crecimiento del gasto público en las últimas dos décadas ha estado dominado crecientemente por el gasto de funcionamiento. Para 2025, el presupuesto nacional ascendió a $498,5 billones, de los cuales $316 billones correspondieron a funcionamiento, frente a apenas $69,8 billones destinados a inversión. La divergencia resulta aún más evidente cuando se observa la trayectoria histórica, mientras el gasto de funcionamiento se ha expandido de forma persistente, la inversión pública perdió participación relativa dentro del presupuesto nacional.

Ese detalle no es menor. La teoría económica ha sido históricamente cautelosa frente a modelos de crecimiento excesivamente dependientes del gasto corriente estatal. Desde Robert Barro hasta Alberto Alesina, pasando por los modelos de crowding out desarrollados en la tradición neoclásica, la literatura advierte que un crecimiento basado en expansión burocrática y gasto operativo tiende a generar menores multiplicadores productivos, deterioro fiscal y desplazamiento progresivo de la inversión privada.

Barro sostenía que el gasto público puede estimular el crecimiento únicamente cuando mejora la productividad marginal del capital privado, infraestructura, educación eficiente o inversión tecnológica, pero pierde efectividad cuando se concentra en consumo estatal improductivo o expansión administrativa. Alesina, por su parte, advertía que los ajustes fiscales basados en reducción de inversión terminan afectando menos el crecimiento que aquellos financiados mediante incrementos persistentes de gasto corriente.

La composición del PIB colombiano parece acercarse peligrosamente a este segundo escenario. Mientras el gasto del gobierno crece 7,8%, la formación bruta de capital cae 3,0% anual. La construcción se contrae 5,4%; las edificaciones residenciales caen 8,6%; y sectores intensivos en productividad como minería y agricultura continúan mostrando debilidad estructural. La producción cafetera se desplomó 30,5%, mientras la extracción de gas natural cayó 17%.

Más inquietante aún es que parte importante de la expansión económica proviene de componentes menos sostenibles del consumo. El gasto en bienes durables creció 12,7%, reflejando una recuperación parcial del crédito y del consumo represado, mientras servicios y alojamiento muestran desempeños mucho más moderados. Simultáneamente, las exportaciones apenas crecieron 3,5% y, en términos trimestrales ajustados, incluso retrocedieron 1,7%.

El riesgo macroeconómico es evidente. Cuando el crecimiento descansa excesivamente sobre gasto corriente estatal y consumo, pero no sobre inversión productiva, el resultado suele ser una economía con menor capacidad de expansión futura, deterioro de productividad y mayor vulnerabilidad fiscal. La experiencia latinoamericana muestra que estos episodios suelen terminar en presiones sobre tasas de interés, deterioro de confianza inversionista y pérdida gradual de espacio fiscal.

Las cifras del primer trimestre dejan entonces una pregunta incómoda: ¿está creciendo realmente la economía colombiana o simplemente está aumentando el tamaño operativo del Estado? Porque una economía que expande burocracia mientras la inversión se debilita puede mostrar crecimiento en el corto plazo, pero difícilmente construye prosperidad sostenible en el largo plazo.

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PIB - Crecimiento económico - Dane - Consumo - Gasto público