Analistas 06/03/2026

Endeudarse no es gratis: la ilusión fiscal se agota

Carlos David Alape Gamez
Economista y candidato a magíster en Economía Aplicada Universidad de los Andes

La discusión fiscal reciente no debe centrarse únicamente en el nivel de deuda, sino en su dinámica, su composición y su costo marginal de financiamiento. En 2025 la deuda neta del Gobierno Nacional Central se ubicó alrededor de 58,5% del PIB, mientras que el saldo bruto total se aproxima a $1.200 billones. Este nivel no es aislado: es el resultado de un cambio estructural en el patrón de financiamiento observado desde 2022.

Entre 2016 y 2021, el promedio anual de colocaciones de TES y TCO fue cercano a $59 billones. Incluso en 2021, en pleno choque pandémico, la emisión alcanzó $81 billones, nivel elevado pero asociado a un evento extraordinario. Sin embargo, entre 2022 y 2026 el promedio anual ascendió a $108 billones, lo que implica un incremento de 81% frente al periodo previo. El punto de quiebre se observa con claridad desde 2024, con $96 billones colocados ese año, $163 billones en 2025 y $152 billones en 2026.

En términos acumulados, entre 2022 y 2026 se colocaron aproximadamente $538 billones, frente a $356 billones entre 2016 y 2021. Son $182 billones adicionales en un periodo más corto y en ausencia de un choque equivalente al de 2020. Esta diferencia cuantitativa confirma que no estamos ante un fenómeno coyuntural, sino frente a un nuevo régimen de endeudamiento.

El saldo del GNC pasó de un rango de $830-$850 billones en 2022 a cerca de $1.200 billones en 2026. El aumento supera $350 billones en pocos años. Desde la perspectiva de sostenibilidad, la preocupación no radica exclusivamente en el nivel de deuda neta, sino en la combinación entre crecimiento nominal, tasa efectiva promedio y balance primario.

El segundo elemento crítico es el costo de financiamiento. En diciembre de 2025 los TCO se ubicaban alrededor de 10,5%. En febrero de 2026 alcanzaron 13,05%, un incremento de 255 puntos básicos en pocas semanas. Mientras la tasa de política monetaria del Banco de la República se encontraba alrededor de 10,25%, los títulos de corto plazo cerraban más de 275 puntos básicos por encima. Esta brecha refleja una prima adicional asociada al volumen de emisiones y a la percepción de riesgo fiscal.

Cuando el Estado paga más de 13% para financiarse a menos de un año, ese rendimiento se convierte en referencia para todo el sistema financiero. Con un saldo cercano a $1.200 billones, cada punto porcentual adicional en la tasa promedio implica aproximadamente $12 billones adicionales en servicio anual de deuda, dependiendo de la duración y la estructura de vencimientos. La elasticidad del gasto en intereses frente a cambios en tasas se vuelve macroeconómicamente relevante.

El comportamiento de portafolio confirma la lógica financiera del mercado. En un lapso de dos semanas, los bancos comerciales incrementaron posiciones en TES en $4,8 billones, los inversionistas extranjeros en $4,6 billones y los fondos de pensiones en $3 billones, principalmente en tasa fija, capturando rendimientos superiores a 13%. El mercado no restringió acceso: ajustó precio. La mayor colocación fue absorbida, pero a un costo creciente para el emisor soberano.

Desde una perspectiva de equilibrio general, este proceso genera tres efectos. Primero, aumenta la rigidez presupuestal futura vía mayor gasto en intereses. Segundo, eleva el piso de tasas del sistema financiero, desplazando crédito productivo hacia niveles de 14% o 15%, con impacto negativo sobre inversión privada y crecimiento potencial. Tercero, incrementa la vulnerabilidad ante choques externos, dado que una parte relevante de la demanda proviene de inversionistas extranjeros sensibles a cambios en riesgo global.

El análisis de sostenibilidad debe incorporar la condición r menor o mayor que g, donde r es la tasa efectiva y g el crecimiento nominal. Si la tasa promedio converge hacia niveles persistentemente superiores al crecimiento nominal y no se consolida un superávit primario suficiente, la razón deuda sobre PIB tenderá a estabilizarse en niveles más altos o incluso a incrementarse.

Con una deuda neta cercana a 58,5% del PIB, un saldo bruto alrededor de $1.200 billones y colocaciones anuales que superan estructuralmente $150 billones, la variable crítica ya no es el acceso al mercado, sino el costo marginal y la trayectoria del balance primario. El espacio fiscal futuro dependerá menos de la capacidad de emitir TES y más de la credibilidad de una consolidación que estabilice la relación deuda/PIB en un entorno de tasas todavía elevadas. La restricción relevante no es legal ni monetaria: es intertemporal. Y esa restricción se expresa en puntos básicos.

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