Tasas reales elevadas: el atractivo de la renta fija colombiana
Se ha observado que el comportamiento de las tasas reales a nivel global arroja un dato que vale la pena destacar. Colombia se ubica hoy como el segundo país con la tasa de política monetaria real más alta dentro del universo de economías emergentes que componen el índice GBI-EM Global Diversified de JPMorgan. Solo Brasil, con 9,18%, supera el 5,52% que registra actualmente el país, muy por encima del 4,87% de Argentina o del 4,19% de Indonesia.
Ese nivel no es cualquier cosa. La tasa de política monetaria real colombiana se encuentra 3,84 puntos porcentuales por encima de su promedio histórico de 1,68%, lo que confirma el carácter todavía restrictivo de la postura del Banco de la República. Y no se trata solo del corto plazo. El diferencial entre la tasa real de los TES UVR a diez años y la de los TIPS estadounidenses a igual plazo se ubica cerca de 435 puntos básicos, también por encima de su promedio histórico de 350 puntos básicos.
Este entorno tiene una explicación clara. Tras la pandemia, el mundo pasó de tasas históricamente bajas a uno de los ciclos de endurecimiento monetario más agresivos de las últimas décadas, respuesta al repunte inflacionario que dejaron el exceso de liquidez, las disrupciones de las cadenas de suministro y los conflictos geopolíticos. El resultado fue el regreso de las tasas reales a terreno positivo, y en varios países, a niveles superiores a sus promedios históricos.
Hacia adelante, no resulta probable un regreso al mundo de tasas reales excepcionalmente bajas que caracterizó buena parte de la década de 2010. El deterioro fiscal de varias economías desarrolladas, el aumento en la oferta de deuda pública y las mayores necesidades de financiamiento tanto de gobiernos como del sector privado apuntan, más bien, a un entorno estructuralmente más elevado en materia de tasas reales internacionales.
Para Colombia, esto tiene una implicación puntual. La evolución de las tasas reales de largo plazo dependerá cada vez menos de las tasas globales y cada vez más de la trayectoria de la prima de riesgo soberano. El escenario base contempla una convergencia gradual de la inflación hacia la meta del Banco de la República, el inicio de un ciclo de reducción de tasas y una mejora paulatina en la percepción de riesgo país, pero sin cambios drásticos.
Bajo este panorama, se identifica mayor atractivo en los bonos nominales de corto y mediano plazo. La combinación de una política monetaria aún restrictiva con tasas históricamente altas ofrece rendimientos corrientes elevados y abre la puerta a una valorización gradual en la medida en que el Emisor empiece a recortar tasas. Los bonos indexados a la inflación, en cambio, exigen mayor cautela. Su potencial de valorización luce más acotado, pues dependería casi exclusivamente de una moderación en la prima de riesgo soberano, y no de una caída relevante en las tasas reales internacionales, algo que por ahora no está en el radar.
Con todo, el balance de riesgos no es menor. Una inflación más persistente de lo previsto retrasaría el ciclo de reducción de tasas y le restaría potencial de valorización a los bonos nominales. Una consolidación fiscal más lenta o un deterioro en la percepción de riesgo soberano limitarían aún más el estrecho margen de valorización de los TES UVR. Un deterioro de las condiciones financieras internacionales, por tasas globales más altas o por aversión al riesgo hacia emergentes, también podría afectar el desempeño de la renta fija colombiana.
En síntesis, el entorno actual de tasas reales elevadas sigue siendo, en términos generales, favorable para la renta fija local, pero exige distinguir bien entre segmentos. El corto y mediano plazo en TES nominales concentra hoy la mejor relación entre rendimiento corriente y potencial de valorización, mientras que la porción larga de la curva indexada a inflación exige más paciencia y una lectura más fina de cómo evoluciona el riesgo país.