Hay quienes piensan que el mercadeo no se necesita durante determinadas temporadas o épocas como la Navidad, en las cuales generalmente se da un aumento en la demanda. Es un error que se comete. De hecho, las actividades del mercadeo son mucho más efectivas si se realizan en tiempos considerados de bonanza o de alta demanda, debido a que hay más oportunidades de interactuar con los mercados para adelantar acciones que generen mayor conocimiento y afianzar las relaciones, logrando que el mercadeo de palabra se haga fuerte y eficaz. Pensar que hay épocas en las cuales se puede rebajar la intensidad de acción es una de las faltas más comunes del mercadeo, en especial del colombiano. Hay que formar los mercados y mantenerlos, sin interrumpir en ningún momento lo que se hace.
La realidad es que habría sido ideal que se hubiera tenido como una cultura organizacional en todos los campos y desde siempre. De haber sido así, no estaríamos ante la triste realidad de quemados con pólvora, accidentes por consumo excesivo de licor y otras situaciones trágicas y lamentables que se presentan en esta época del año, ni ante el incremento del endeudamiento de tantos, lo que lleva a sortear todo tipo de dificultades para cumplir con los pagos de las obligaciones contraídas. Con ello se habrían podido lograr los comportamientos deseados.
Tenerlo en cuenta solamente cuando las cosas no son fáciles, o cuando se presentan tiempos difíciles, es una de las falencias más tristes y comunes, lo cual en buena parte se debe a factores culturales que desde tiempo atrás hacen que nuestras conductas sean más correctivas que preventivas y formativas.
La logística mercadológica, que muchos todavía asocian únicamente con los sistemas de distribución, se inicia desde el primer instante de la existencia, es decir, desde que se toma la decisión de salir al mercado. Es algo que tiene principio, pero que nunca llega a un final, y, ante la realidad de mercados nacientes que siempre habrá, jamás se alcanzará una meta definitiva mientras se esté y se desee estar con vida.
En el desarrollo del marketing práctico hay que estar alerta ante muchas cosas y en muchos campos, y cuando llegan las temporadas especiales como la que se aproxima (que para algunos ya comenzó), se tiene que considerar lo que sucede con la tecnología y, además, con los extras que suelen contratarse, porque si no se preparan adecuadamente, los resultados del mercadeo pueden verse afectados.
El marketing no es milagroso. Desconocer sus principios y los procesos sicológicos de las personas; no aceptar que las cosas han cambiado, están cambiando y seguirán haciéndolo; no actualizarse ni adaptarse a ello; reducir los presupuestos de mercadeo y, dentro de estos, los de comunicaciones; desconocer que la percepción de las personas es la realidad; menospreciar a los competidores sintiendo que se tiene lo máximo; reducir las capacitaciones y los entrenamientos, y, en fin, seguir miopes ante lo que está ocurriendo, confundiendo el mercadeo o llevándolo a enfoques simplistas, hará que el panorama se complique en épocas como la Navidad y el fin de año.
Por eso hay que entender y aceptar que el mercadeo es un proceso de y para todas las épocas, y que debe ser orientado por personas que cumplan con el perfil que se requiere, sin interrupciones por más bonanza que traigan las temporadas.