Reglas del mercadeo (1)

Carlos Fernando Villa Gómez

Mucho se ha dicho y escrito sobre normas, reglas, leyes o lo que se asemeje para aplicar un verdadero y efectivo mercadeo, y jamás se podrá afirmar que se ha llegado al final porque esa sí es una ley inmutable: “en el marketing, nunca se llega” por el hecho de que siempre habrá mercados nacientes que necesitan procesos de aprendizaje y culturización, es decir, siempre existirán niños y jóvenes que requieren aprender.

Pero hay guías para que lo que se hace en el marketing sea efectivo y adecuado, teniendo siempre presente que nunca podrá desaparecer el “depende”, cuando de hacer las cosas se trata; por ello, uno de los libros más aplicables, escritos sobre el particular, tiene la autoría de una gran escritora – consultora americana, Laura Lowell (42 Rules of Marketing).

Por su pragmatismo y aplicabilidad, y sin orden de importancia, presentamos algunas de ellas para consideración de la gente del mercadeo.

• Las leyes del marketing no son inquebrantables. Para nadie es un secreto que el mercadeo se aplica según las circunstancias, y lo que para algunos funciona, para otros puede ser negativo, lo mismo que lo que sirve en un mercado (lugar) no funciona igual en otro.

• El mercadeo debe generar acción y participación o compromiso, y para lograrlo debe trabajarse con creatividad, emoción, involucramiento, o sea, con verdadera pasión; pero, teniendo siempre presente que los procesos no generan resultados sostenibles inmediatos sino a mediano y largo plazos.

• Es mejor planificar poco para lograr mucho, entendiendo que la gente de marketing puede clasificarse en dos grupos: pensadores y ejecutores, y que unos y otros deben trabajar de manera coordinada, siguiendo un plan de acciones que los pensadores (principalmente) elaboran para que los ejecutores, y siempre todos en equipo, inclusive con la participación de los clientes, implementen. Y dadas las circunstancias de los mercados actuales, es mejor poco para ir paso a paso y lograr mucho en el tiempo.

• Hay que actuar con base en la realidad teniendo claro lo que se quiere y puede lograr porque los sueños, sueños son, y hay muchos imposibles que se han convertido en objetivos empresariales dizque para tener altas aspiraciones. El problema es que quienes deben trabajar para obtenerlos, caen en la cuenta de la imposibilidad de ello y, por lo tanto, no se desgastan sabiendo que no podrán lograrlo. Además, deben ser priorizados.

• El conocimiento del mercado (los clientes) y de la organización por parte de ellos tiene que ser mutuo, por lo que las comunicaciones tienen que ser de doble vía y permanentes, y para ello, la tecnología y los medios que hoy existen en todo el mundo, lo permite y facilita. Además, hay que entender que no se puede ser todo para todos y que lo que a unos sirve, a otros no.

• La competencia tiene que conocerse, y en un mundo globalizado, sin fronteras, los contendores son cada vez más al igual que muchos invisibles porque Internet hace que los clientes estén conectados permanentemente con todos los posibles proveedores.

• El mercado está compuesto por personas humanas que son las que toman decisiones, y todos no piensan y actúan igual, pero sienten y obran como tales. La emocionalidad cada día es más importante en los procesos decisorios, pero la racionalidad jamás desaparecerá. Como afirmó el español Josep Chías, “el mercado, todavía, son personas”.

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