¿Tendremos publicidad política? 3
Al saber que se han tenido que hacer corregir, por decir lo mínimo, algunas de las actividades comunicacionales de las campañas de algunos grupos y candidatos a los diferentes cargos que próximamente definirán el futuro del país, vale la pena considerar algunos aspectos o principios fundamentales de lo que debe ser una verdadera actividad de comunicación mercadológica en el marketing político.
Hay que comenzar por elaborar mensajes claros, persuasivos y coherentes, que sean fuertes en lo emocional y lo racional. El público, sea de la clase que sea, prefiere las historias, siempre y cuando contengan una narrativa auténtica y poderosa que ayude a humanizar al candidato y a generar conexión emocional.
Para lograrlo, es necesario hacer uso de mensajes específicos para diferentes audiencias según su contexto geográfico y demográfico, y ello se obtiene por medio de una adecuada segmentación del mercado. No es lo mismo dirigirse a jóvenes que a empresarios, ni a todos los estratos sociales de la misma manera. El mensaje debe adaptarse según el perfil del electorado al que se piensa influir y de quien se busca obtener el apoyo en las urnas y el posterior seguimiento.
La actualidad exige el uso del mundo digital en todas las actividades humanas, haciendo imperiosa la utilización de estrategias digitales como las redes sociales y otras plataformas que permiten la inmediatez, la interacción directa, la videopolítica y el análisis de datos. Monitorear tendencias, conocer y analizar qué temas interesan más y ajustar la estrategia en tiempo real genera una ventaja competitiva enorme.
Importante como nunca antes es la capacidad de respuesta rápida ante imprevistos, para proteger la reputación y la confianza, sobre todo hoy, cuando se aprecia la falta de rigor ético y moral en algunos grupos, partidos y candidatos. En la actividad política, los imprevistos son diarios. Saber manejar crisis con rapidez y eficacia es esencial para mantener la credibilidad y el interés.
En la aplicación del marketing electoral como actividad de la política moderna, la percepción visual y la comunicación no verbal suelen ser muchas veces más relevantes que el discurso hablado. Muchas personas se mueven más por lo que se ve que por las propuestas, y con mayor razón ante el desconocimiento o la falta de entendimiento de estas, debido a la ausencia del marketing político, que ha llevado al estado actual de cómo muchos definen el voto. A pesar de esta realidad, y dado que no todo el electorado actúa así, la oratoria y los debates son necesarios, pero no basta con tener un buen mensaje: hay que saber comunicarlo con seguridad, claridad y convicción, por lo que se requiere una segmentación adecuada.
Las estrategias modernas del mercadeo electoral combinan el análisis de datos (encuestas y sondeos) con acciones creativas para lograr seguidores en un entorno hiperconectado. No es un secreto que han evolucionado. Antes, todo giraba en torno a mítines, entrevistas y panfletos en las calles. Ahora, las redes sociales, la segmentación y el mundo digital han cambiado las reglas del juego, convirtiéndose en determinantes para llegar a votantes específicos. Además, el uso de la inteligencia artificial y el análisis de big data han revolucionado la manera como se diseñan estrategias en tiempo real.
2026, año de la salvación de Colombia, si el electorado vota a conciencia.