Analistas 14/02/2026

¿Tendremos publicidad política? (2)

Carlos Fernando Villa Gómez
Consultor de Mercadeo

Recordando a algunos autores sobre las comunicaciones mercadológicas en la política, podría citarse a Andrea Jaffe, quien fuera editora de la revista Adweek, cuando dijo que la industria debería “hacer más rigurosas las normas y desechar todo cuanto sea engañoso, falso o de mal gusto e irresponsable”. William Arens, quien fue un abanderado de las comunicaciones integradas del marketing, afirmó en Contemporary Advertising que “la publicidad está pasando por una transformación de dimensiones sin precedentes: dejó de ser un monólogo para convertirse en un diálogo democrático… porque la publicidad, más que un reflejo de la sociedad y sus deseos, puede originar modas y creencias y ponerles fin, algunas veces por sí misma”, afirmando luego que “hoy se comienza a comprender que el activo más importante, en la feroz competencia del mercado, es el cliente y la relación con él, razón por la cual, con el propósito de realizar mejor el marketing de relaciones, debe haber congruencia entre las palabras y las acciones”. Asimismo, recordó que “en tiempos de crisis económicas una comunicación desorientadora y falsa invariablemente reaparecerá, quizá por la desesperación de los anunciantes”.

No es ni nuevo ni un secreto que la publicidad y la comunicación en el marketing político nos ha “tocado” a todos, en algún momento, y que ha influido, influye e influirá en las decisiones, generando mejoramiento o detrimento del nivel de vida, según se use.

En varias ocasiones se ha propuesto la creación de un comité para preservar los valores sociales, éticos y morales de nuestra sociedad, con el fin de prevenir el mal uso de las comunicaciones mercadológicas que atenten contra los principios y los valores, pero desafortunadamente los oídos sordos son los que “escuchan”, y se ha dejado que la autorregulación sea la que impere, sin que pase nada.

Pero lo que se está apreciando una vez más en casi todas las campañas, y en la presidencia especialmente, y lo que algunos dizque políticos, publicistas, medios, caricaturistas y responsables de las comunicaciones en el llamado marketing político están haciendo o dejando hacer, no se asemeja ni poquito a una campaña seria, responsable y estimuladora de acción.

Vale la pena recordar que “la comunicación en el marketing político es un proceso estratégico integral que busca conectar emocionalmente con la ciudadanía, gestionar la reputación y movilizar el voto a través de narrativas persuasivas, segmentación de audiencias y el uso intensivo de medios digitales y tradicionales. No se limita a promocionar candidatos, sino a construir confianza, legitimidad y vender proyectos de país mediante la imagen, el lenguaje corporal y la gestión de crisis”, según se afirma cuando se acude a la llamada inteligencia artificial.

El consultor colombiano experto en mercadeo político Carlos Andrés Pérez Múnera, autor del libro Comunicación y Marketing Político, dice que “si la campaña tiene que trabajar con un buen equipo en todos los aspectos, deberá centrarse mucho más en el equipo que va a manejar las comunicaciones. Este es el grupo de personas que se encargarán de que todo lo que se plantea dentro de la campaña, las ideas brillantes, la misma percepción de que el candidato es una persona pulcra salga a la luz pública y se consiga el objetivo final”.

Poco falta para la primera ronda electoral y se aprecia mucha confusión. Ojalá se pueda hacer claridad…, ¡a tiempo!

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