Pensar en el banano, es pensar en el Magdalena
viernes, 2 de octubre de 2026
Carlos Jaramillo Ríos
Hablar de banano en el Magdalena es hablar de exportaciones y competitividad, pero, sobre todo, de miles de familias. Alrededor de esta actividad trabajan productores, empleados agrícolas, transportadores, empacadoras, proveedores y operadores logísticos y portuarios. Es una cadena que genera empleo formal y conecta al departamento con los mercados internacionales.
Su importancia es más que evidente. En 2025, Colombia exportó más de US$1.300 millones en banano y el Magdalena aportó cerca de 30% de la producción nacional. Además, esta fruta representó alrededor de 43% del valor de las exportaciones departamentales.
Hoy esa cadena enfrenta una presión creciente, especialmente durante este 2026, cuando se han acumulado los efectos de los vendavales, la caída del dólar, los altos costos de producción y los problemas de seguridad. Los primeros balances daban cuenta de cerca de 3.500 hectáreas afectadas por eventos climáticos, pero los nuevos vendavales de septiembre elevaron la estimación del sector a más de 4.000 hectáreas impactadas durante el año.
Detrás de esas cifras hay hogares que son la pieza fundamental de esta cadena. Se han identificado 599 fincas afectadas, 549 pequeños productores y alrededor de 12.000 empleos en riesgo. Para quien pierde su cultivo, recuperar la producción puede tomar varios meses, mientras continúan los gastos de la finca y las obligaciones de la familia.
La situación es aún más compleja porque los productores ya venían recibiendo menos ingresos en pesos. Cerca de 70% de los costos se pagan en moneda local, mientras buena parte de los ingresos depende del dólar. Si la tasa de cambio baja, entran menos pesos por cada caja exportada, pero los salarios, los insumos y el mantenimiento no disminuyen en la misma proporción.
Asbama estimó que una hectárea con una productividad de 2.300 cajas anuales podría registrar pérdidas cercanas a $7,8 millones al año con una tasa de cambio de $3.099, antes de intereses e impuestos. Esto reduce la capacidad de invertir, fertilizar, renovar cultivos y responder ante nuevos eventos climáticos.
A ello se suma la seguridad, un factor determinante que cobra mayor relevancia ante los recientes acontecimientos registrados en el departamento. Las amenazas y extorsiones denunciadas durante el año afectaron las operaciones y llegaron a suspender labores en algunas fincas. La mayor presencia de las autoridades debe mantenerse, porque ninguna recuperación productiva será suficiente sin condiciones estables para trabajar.
Desde la Cámara de Comercio de Santa Marta para el Magdalena hemos acompañado, junto con Asbama, Augura y las instituciones del territorio, la Mesa Interinstitucional para la Recuperación Productiva y Social. Allí se han consolidado las afectaciones y gestionado alternativas para productores, trabajadores y familias.
Se han presentado avances, como los pagos asociados al seguro agropecuario por parte del Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural y las gestiones para proyectos de riego. Sin embargo, esto es solo una parte de la intervención que se necesita. La solución debe ser de fondo, con acciones claras y gestiones directas. Ahora se requiere identificar con precisión quiénes siguen sin cobertura y qué apoyos adicionales necesitan quienes tardarán meses en volver a producir.
La respuesta debe combinar financiación acorde con el ciclo del cultivo, mayor acceso a seguros, apoyo para recuperar las plantaciones, reducción de costos y seguridad permanente. No se trata solo de salvar hectáreas. Se trata de proteger empleos, ingresos y una cadena que sostiene buena parte de la economía del Magdalena.
Para las familias que viven del banano, la recuperación tiene una medida concreta: una finca que vuelve a producir, un empleo que se conserva y un ingreso que regresa al hogar. Es momento de mirar al banano, de abrazar su cadena, de gestionar ante el gobierno nacional y de generar un plan integral para su reactivación.
Pensar en el banano es pensar en el Magdalena.