Analistas 24/10/2026

El exilio no debe silenciar al periodismo

Carlos Lauría
Director Ejecutivo de la Sociedad Interamericana de Prensa
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Detrás de las cifras sobre el exilio periodístico en América Latina hay historias de vidas interrumpidas. Periodistas que dejaron sus países, sus redacciones y, muchas veces, sus familias para escapar de amenazas, persecución y hostigamiento. Cruzar una frontera puede ofrecer protección inmediata, pero no elimina las consecuencias de haber sido obligado a partir.

En la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) conocemos de cerca esas experiencias. Durante años hemos acompañado a periodistas y medios perseguidos, y hemos comprobado que el desafío no termina al encontrar refugio. Comienza entonces otra lucha: reconstruir la vida cotidiana, alcanzar estabilidad económica y conservar la posibilidad de ejercer una profesión que, para muchos, constituye también una vocación irrenunciable.

El segundo aniversario de la Red Latinoamericana de Periodismo en el Exilio (Relpex), una iniciativa de la SIP, ofrece una oportunidad para reflexionar sobre esta realidad. Su nuevo informe reúne datos de 426 periodistas de 18 países de América Latina y el Caribe. No pretende representar estadísticamente a todos los periodistas desplazados de la región, pero sí permite comprender las dificultades que enfrentan quienes buscan seguir informando lejos de sus hogares.

El panorama es inquietante. Nicaragua y Venezuela concentran la mayor cantidad de periodistas registrados, mientras El Salvador aparece como un foco creciente de preocupación. La persecución no solo expulsa a profesionales: también debilita a los medios, priva a las comunidades de información independiente y reduce los espacios para exigir rendición de cuentas.

Por eso, desde el inicio de Relpex entendimos que responder a una emergencia era indispensable, aunque insuficiente. La verdadera tarea consiste en impedir que el desplazamiento se convierta en una condena al abandono del periodismo. Sin oportunidades laborales, asesoramiento legal, apoyo psicosocial y redes profesionales, incluso los reporteros más experimentados pueden verse obligados a cambiar de oficio.

Durante su segundo año, el programa de empleabilidad de Relpex apoyó a 26 periodistas mediante aportes salariales que facilitaron su contratación por medios de comunicación. Su trabajo produjo cientos de reportajes, investigaciones y contenidos sobre democracia, corrupción, derechos humanos, migración y medio ambiente. Cada historia publicada demuestra que el periodismo puede sobrevivir a la distancia y seguir sirviendo a las sociedades de origen.

La Red también brindó asistencia de emergencia a más de 30 periodistas y a sus familias, y apoyó a otros 20 con fondos para desarrollar contenidos y proyectos editoriales. A ello se sumaron becas de formación y oportunidades para recuperar capacidades, contactos y confianza profesional.

Estas iniciativas no borran el trauma del exilio ni resuelven por sí solas sus múltiples dificultades. Pero ayudan a transformar la supervivencia en una posibilidad de futuro. La protección de la libertad de prensa no puede limitarse a denunciar las agresiones: debe incluir mecanismos concretos para sostener a quienes siguen investigando pese a ellas.

Cada periodista que logra continuar su trabajo desde el exilio preserva una voz que alguien quiso apagar. Acompañar esa persistencia es defender el derecho de nuestras sociedades a estar informadas. Mientras esas voces sigan contando lo que ocurre, la persecución no habrá conseguido imponer el silencio.

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