El espíritu animal
El estado de ánimo de los empresarios determina, según Keynes, buena parte del comportamiento de la economía. Es lo que él llama el espíritu animal y que no es otra cosa que el optimismo o pesimismo respecto al futuro que tengan los empresarios. Mayor confianza empresarial trae necesariamente mayor inversión, empleo y crecimiento, y, por el contrario, cuando hay pesimismo empresarial no hay inversión, o esta disminuye, lo que afecta directamente el crecimiento de la economía.
Todo indica que el ánimo de los empresarios desde el 7 de agosto es positivo y prueba de ello es la generosidad con que se han manifestado al momento de una crisis como la que generó el terremoto de hace unos días. No es que esos mismos empresarios no hayan tenido la generosidad en episodios anteriores, sino que tal vez no tenían la confianza necesaria para que esos dineros fueran bien invertidos. Lo que sucedió con la Unidad de Gestión del Riesgo en términos de malos manejos y corrupción deja desde luego a cualquier contribuyente con pocos deseos de entregarle recursos a la nación.
Pero esa confianza no solo se nota en la generosidad que se dio en la asamblea de la Andi y posteriormente por parte del empresariado, sino en las inversiones que se anuncian en diferentes frentes. Una prueba de la confianza que se está generando es el gran flujo de divisas que está llegando al país en un volumen mayor al que veníamos experimentando, lo que ha hecho que la tasa de cambio se siga revaluando, al punto de amenazar seriamente a los exportadores.
Lo que tenemos es un caso típico de un malestar económico que se genera en un sector, mientras existe un ánimo favorable en otros sectores. Es probable que esos dineros que están entrando estén asociados a la nueva política petrolera y minera del país que en buena hora ha anunciado el nuevo gobierno. Los capitales extranjeros están prestos a invertir en nuevas exploraciones de gas y petróleo, pero ello conlleva una entrada de divisas que perjudica al resto de la economía, en una especie de enfermedad holandesa.
El gobierno va a tener que buscar las políticas adecuadas para enfrentar el buen estado de un sector de la economía con el malo que se puede estar sucediendo en otros sectores. Es que si no se guardan esas divisas en el exterior, sino que se monetizan, a la larga la inflación y la revaluación acaban destruyendo muchos sectores de la economía; no son solo aquellos que exportan, sino los que tienen la competencia de las importaciones. Es que en la economía actual nadie escapa de lo que sucede globalmente y hasta la tienda más pequeña se puede ver afectada por una revaluación y un abaratamiento de las importaciones.
El estado de ánimo de la nación o de los empresarios es positivo y hay mucha expectativa por lo que puede resultar la política económica, pero el gobierno debe tener mucho cuidado en que no se pierda ese buen estado de ánimo por una situación de conflicto entre sectores económicos. Corresponde al gobierno tomar las medidas de política económica necesarias para lograr un equilibrio y que la inversión no se limite al sector minero-energético, sino que llegue también a otros sectores de la economía, y que esta sea producto del ahorro nacional.
El estado de ánimo es volátil y puede cambiar rápidamente, de manera que no debemos dejar que la euforia del momento nos lleve a políticas equivocadas que acaban generando una economía enredada en la revaluación y en la devaluación.