Analistas 23/06/2026

El próximo presidente

Carlos Ronderos
Consultor en Comercio y Negocios Internacionales

Abelardo de la Espriella enfrenta unos retos que han venido heredando todos los mandatarios y a los cuales no se les ha podido poner fin. Hernando Gómez Buendía, en su libro sobre la Colombia después de Petro, señala correctamente estos retos, que están en el núcleo del conflicto social y la polarización.

Desde luego, el primero es “la pobreza extendida y persistente”, ya que el modelo de desarrollo que ha adoptado el país ha permitido la creación de una pequeña clase media urbana, pero ha dejado por fuera a la mitad de la población que sobrevive en la informalidad o en el campo. El país no ha sido capaz de resolver este problema; sin embargo, la pobreza multidimensional mostró signos de mejoría en este cuatrienio.

De la mano de la pobreza viene la desigualdad, que ha demostrado una gran resiliencia y es la mayor de América Latina. Tanto la pobreza como la desigualdad tienen su origen en otro aspecto fundamental: “la educación desigual y de mala calidad”. Sobra decir que mejorar la calidad de la educación resulta ser una estrategia de largo plazo y, mientras las nuevas generaciones pueden salir al mercado laboral con competencias idóneas, puede pasar una generación que seguirá sufriendo la pobreza y la desigualdad.

Saltándonos algunos de los aspectos señalados por Gómez Buendía, podemos pasar a la corrupción, que forma parte del mismo problema de pobreza y desigualdad. La corrupción consume los fondos públicos, que son la única herramienta que tiene el Estado, a corto plazo, para afrontar tanto la pobreza como la desigualdad. Son los programas sociales los que finalmente se ven afectados, desde los subsidios, pasando por la alimentación escolar, las vías vecinales y los acueductos, entre otros.

Resulta curioso que, en la agenda de Petro recogida por Gómez Buendía, no se mencione el narcotráfico como un tema fundamental, ya que es visto desde la perspectiva del consumidor y, por tanto, como consecuencia de la demanda. Ahora bien, si es cierto que la demanda es un factor a tener en cuenta, las consecuencias de ser el mayor sembrador de coca en el mundo le traen al país violencia y, desde luego, corrupción. Las mafias del narcotráfico migran hacia otros delitos, como la minería ilegal y la extorsión.

Los temas ambientales que tuvieron prioridad en el gobierno Petro van más allá del discurso petrista y el nuevo presidente tendrá que afrontar en esta materia la deforestación para sembrar coca y la minería ilegal. El problema está en esos aspectos y no en la explotación de petróleo, como sugiere Petro, que debería generar los excedentes para la transición energética.

Hay aspectos que visibilizó el gobierno Petro, aunque se quedaron, como la mayoría de los temas, en el discurso. Me refiero a “una historia escrita con sangre” y al “racismo, machismo y clasismo”. Son temas profundamente arraigados en la historia de Colombia y requieren un cambio cultural profundo, pero no sobre la base del odio de clases, sino mediante la exaltación de los valores que nos pueden hacer a todos iguales. La violencia ha sido endémica y, si bien algunos sociólogos encuentran su origen en la pobreza, no comparto esta tesis, ya que sociedades más pobres no son necesariamente más violentas. Creo, más bien, que la violencia se origina en la permisividad frente al delito. La violencia que hoy vive el país está íntimamente ligada a la Paz Total, que dio vía libre al delito.

Estos son apenas algunos de los temas recurrentes que el nuevo presidente tendrá que afrontar, y que forman parte de una agenda postergada que origina polarización y conflicto.

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Abelardo de la Espriella - Presidente