Cuando el mundo creía superada la geopolítica en términos de batallones y regimientos ubicados en nuevos territorios, con un neocolonialismo que significa prácticamente gobernar y una expansión territorial como la que vimos durante el siglo XX, nos llevamos la sorpresa de que esa geopolítica territorial sigue existiendo y se está expandiendo. Casos como el de Puerto Rico y el de la expansión territorial de la Unión Soviética después de la Primera Guerra Mundial parecían cosas del pasado, y en un mundo globalizado la geopolítica se movió más en el terreno económico que en el militar.
A partir de la caída del muro de Berlín y ya entrado el siglo XXI, la supremacía política fue más un juego de acuerdos comerciales y de alianzas económicas que uno de posiciones militares y expansión territorial. La Organización Mundial de Comercio (OMC) vino a jugar un papel fundamental en el tablero geopolítico, y asuntos como el ingreso de China y su reconocimiento como economía y mercado resultaron decisivos en la expansión del poder dentro de la estrategia geopolítica.
La cooperación ha sido crucial en el dominio geopolítico y, a través de iniciativas como Usaid, implementada por Estados Unidos, empezó una expansión cultural, económica y una nueva forma de geopolítica.
Posteriormente China desarrolló su política de cooperación por medio de lo que se conoce como La Franja y la Ruta, que ha llevado a las empresas chinas a ejecutar proyectos importantes en países de África y América Latina, a la vez que ha logrado que esas naciones se vuelvan, de cierta forma, aliadas, lo que hace parte del juego geopolítico en el mundo.
Si bien la carrera armamentista nunca ha parado y los países más poderosos han desarrollado nuevas formas de armamento, el periodo de la posguerra fue uno de acuerdos nucleares y de competencia económica, en un contexto global. Pero poco a poco hemos pasado del multilateralismo y el fortalecimiento de los organismos internacionales a la conformación de bloques económicos, como primer paso hacia esa geopolítica económica territorial. Los bloques como el Nafta o la Unión Europea fueron creando una alineación política cerrada que, en cierta forma, excluía al resto del mundo. Asuntos como el friendshoring, que como su nombre lo indica pretende que las cadenas de producción se desarrollen entre países amigos, son una muestra más de esta tendencia.
Estamos viendo que el juego geopolítico toma una nueva forma de expansión territorial, manifiesta en Groenlandia, pero también en la política de Estados Unidos hacia América Latina y en particular en el caso de Venezuela, en el que esa expansión se hace evidente. Rusia ha pretendido también extender su territorio hacia Ucrania, y China le imprime un carácter más político a su iniciativa de La Franja y la Ruta.
El mundo está en un proceso político, impulsado por Estados Unidos, en el cual se espera que los países tomen partido en la disputa por la supremacía.
En este contexto, Colombia se ha inclinado por Estados Unidos a través de una alianza estratégica en los campos económico y militar, lo cual se esperaba dados los vínculos tradicionales que hemos tenido con ese país. Sin embargo, eso no nos debe cerrar al resto del mundo, y tenemos que buscar un equilibrio que permita la llegada de otros capitales y otras fuentes de progreso.