Analistas 06/10/2026

Gobierno y Banco de la República

Carlos Ronderos
Consultor en Comercio y Negocios Internacionales
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En todos los países existe una tensión entre los bancos centrales y los gobiernos alrededor de las tasas de interés, porque frecuentemente estos últimos no reconocen como una política sana la independencia de los emisores. Mientras los bancos centrales tienen como principal preocupación los niveles de inflación, los gobiernos piensan en temas como el crecimiento económico y el empleo, sin entender que el alza de precios afecta precisamente la actividad productiva. En principio, es compatible y deseable una baja inflación con una tasa de crecimiento alta y niveles de pleno empleo, y a eso aspiran todos los países. No obstante, cuando por alguna razón se presentan desbalances en las finanzas públicas que derivan en una gran oferta monetaria, se disparan los precios, algo que resulta ser un impuesto a los sectores más pobres de la población y que puede llevar al peor de todos los escenarios: un estancamiento económico con una inflación galopante, como fue el caso de Venezuela.

El presidente Trump trató de neutralizar la independencia de la Reserva Federal al nombrar a Kevin Warsh al frente de la entidad; sin embargo, esta elevó la tasa de interés ante una expectativa de inflación. Otro tanto sucedió en Colombia. El gobierno Petro se enfrentó al Banco de la República por aumentar las tasas de interés, ya que esto podría desacelerar la economía. A pesar de las presiones del gobierno, el Banco de la República mantuvo su independencia y procedió de manera técnica, sin dejar que los momentos políticos del Ejecutivo determinaran su gestión. En el presente gobierno, el Banco de la República volvió a aumentar la tasa de interés a 12,5%, lo que restringirá el crédito y hará que las expectativas de crecimiento sean de alrededor de 2% para 2027. Petro intentó desconocer la independencia del Banco argumentando que se trataba de una inflación de costos, tal vez pensando en el aumento del salario mínimo, cuando tenía un déficit fiscal cercano a 8% del PIB, financiado con deuda externa. El gobierno obtiene dinero mediante impuestos de diferente tipo y por utilidades de las empresas del Estado, y si gasta lo mismo que recoge, no habrá un aumento en la oferta monetaria. Pero en la medida en que trae dólares al país, estos tendrán que monetizarse, lo que necesariamente resulta en una mayor cantidad de dinero en circulación y genera más inflación.

Hace bien el actual gobierno en no echarle la culpa al Banco de la República por el desastre económico que se avecina, con alza de precios y bajo crecimiento, pero es importante señalar que el aumento de la tasa de interés por sí solo no logra contener la inflación. Como lo ha anunciado el ministro de Hacienda, se hace necesario disminuir el déficit, lo que inevitablemente ocasionará una desaceleración de la economía.

El gobierno posee el capital político propio de los inicios de cualquier administración y debe utilizarlo para hacer los ajustes necesarios en la economía y trabajar de la mano con el Banco de la República para que, conjuntamente, el recorte en el gasto y el aumento de las tasas de interés logren detener la inflación y que la actividad productiva se recupere en 2028. Reversar el aumento en el precio del combustible es una mala señal, y el gobierno va a tener que perseverar, a costa de su prestigio, en una política económica seria y que respete la autonomía del Banco, como lo ha hecho hasta ahora, si queremos que al final de este mandato la casa esté en orden.

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Tasas de interés - Banco de la República - Inflación