Analistas 28/04/2026

Hambre

Carlos Ronderos
Consultor en Comercio y Negocios Internacionales

El economista inglés Robert Malthus pronosticó, a principios del siglo XVIII, que la población del mundo crecería de manera exponencial, mientras que la producción de alimentos lo haría en progresión lineal y, por tanto, la gente no iba a tener alimentos. Contrario a esa predicción, la revolución agrícola del siglo XX, producto de la mecanización, los fertilizantes y las semillas mejoradas, probó equivocada esta teoría.

No obstante, en el mundo existen 673 millones de personas que sufren hambre y no es porque la población haya crecido más de lo esperado. A la población con hambre se suma aquella con inseguridad alimentaria, es decir, las personas que no comen más de una comida al día, que suman 2.300 millones, lo que significa que cerca de 3.000 millones de personas o no comen o comen muy mal.

El problema no es el crecimiento de la población, sino otra serie de factores. En primer lugar, los conflictos que azotan al mundo, tanto de carácter nacional como entre naciones. Entre los países con conflictos internos cabe mencionar Etiopía, República Democrática del Congo, Haití y Sudán del Sur. Estas guerras causan millones de desplazados que tienen que abandonar sus tierras y enfrentarse a un nuevo entorno sin la alimentación básica, diferente a la ayuda humanitaria, que no siempre es suficiente. También es el caso de Colombia, donde vemos que el conflicto interno ha desplazado a más de un millón de personas en los últimos cuatro años, obligándolas a abandonar sus tierras y migrar a las ciudades, muchas veces a tugurios.

También es el caso de las guerras entre países. La guerra de Ucrania, uno de los mayores productores de alimentos y fertilizantes, interrumpió el flujo de alimentos, causando un aumento en sus precios y marginando a más población del acceso a la alimentación. Más recientemente, hemos visto cómo el hambre se ha convertido en un arma en la guerra de Israel contra la Franja de Gaza, y cómo en televisión se observan niños muriendo de hambre en medio del conflicto. Otro tanto se puede decir de la guerra entre Estados Unidos e Irán que, debido al cierre del estrecho de Ormuz, ha disparado el precio de los insumos agrícolas y pronto se reflejará en un aumento de los precios de los alimentos, sin que aumenten los ingresos de la gente. Se estima que estos conflictos pueden afectar a más de 300 millones de personas.

Un segundo factor es la inequidad, tanto de ingresos como territorial. La de ingresos es evidente, pues en el mundo cada vez hay mayor concentración de la riqueza en pocas manos, dejando a millones de personas en la pobreza. Pero, además de la concentración del ingreso, está la concentración territorial, que cada día se hace más evidente. Unos países ricos concentran el ingreso mundial y la brecha entre países ricos y países pobres se ensancha en la medida en que el crecimiento del ingreso en los países ricos es mayor que en los países pobres, con contadas excepciones. Esta concentración también se da al interior de los países, y Colombia es un buen ejemplo. Mientras existen regiones como la Sabana de Bogotá con un ingreso per cápita que puede alcanzar los US$13.000, el del Chocó o La Guajira no pasa de US$1.000. Son estas regiones donde se concentra el mayor número de personas con hambre.

El mundo parece insensible a este fenómeno y, mientras la comida se desperdicia en los países ricos y en los estratos altos de la población, vemos pasivamente cómo mueren niños y adultos mayores de hambre.

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