I-responsabilidad

Carlos Ronderos - cronderost@gmail.com

En una columna me referí al principio que establece la mala práctica, la socialización de las pérdidas y la privatización de las utilidades. En el mundo son frecuentes estas prácticas de ‘salvar’ sectores económicos o empresas argumentando que lo que es bueno para ese sector, es bueno para el país.

Así hemos en Colombia justificado múltiples subsidios a sectores en crisis producto de su irresponsabilidad. Se subsidia cada tanto al sector cafetero, que se feria las bonanzas; hemos subsidiado al sistema bancario y hemos extendido prebendas a muchos otros por el bien del país.

Lo que se esconde detrás de esta práctica es el desconocimiento de la noción de responsabilidad. ¿Quién es responsable de los desastres en todos los campos y en todos los frentes? ¡Nadie!

¿Quién es el responsable de la catástrofe en Ituango?, ¿Quién es responsable de la caída del puente Chirajara?, ¿Quién es responsable por la desaparición del glorioso Partido Liberal?, ¿Quién es el responsable de la desaparición de todo el emporio de la Federación Nacional de Cafeteros?, ¿Quién es el responsable de que se demore más de 15 años construir un túnel en la Línea?, ¿Quién es el responsable del desastre de Reficar?, ¿Quién es el responsable de los problemas de la salud?, ¿Quién es el responsable de nacimiento y auge de los Ñonos, Gatas y demás pelambres?

No me refiero a los culpables. Haciendo alharaca de justicia en los medios se anuncian juicios históricos contra tal o cual funcionario o a tal o cual político que la postre acaba en casa por cárcel y una condena corta que le permite quedarse con la fortuna acumulada. Me refiero a los responsables. A aquellos que por sus obligaciones no han debido permitir que todo esto pase o esté pasando. Me refiero a la responsabilidad política y social, y la capacidad de la sociedad de reclamar esa responsabilidad.

Sufrimos de lo que Carlos Lemos llamaba el síndrome de la carrera décima. Cuando el raponero se hace al arete de la transeúnte todos gritamos al unísono: ¡cójanlo!, ¡cójanlo! Cuando lo tiene sujeto el policía, los mismos gritan: pobrecito, déjenlo, seguramente tenía hambre. Así cuestionamos la irresponsabilidad de liberalismo que se metió en una consulta interna que costo una millonada y que por el caudal de votos que logró convocar, anunciaba un desastre.

Cuestionamos que el Partido no haya tenido la entereza de aceptar su derrota a tiempo y facilitado una causa en la que ahora dice creer. Pero ¿Qué hacemos? Una vaca para ayudar a pagar las deudas de los responsables de debacle. Pobrecitos no tienen la culpa.

¿Cuál es la responsabilidad que le cabe a la ingeniería nacional ante los descalabros de edificios, puentes, carretera? Ninguna. El presidente sentenció que esas cosas son normales en obras como estas.

¿Hay responsabilidad en la formación, no técnica, sino ética que damos a los egresados de las facultades de ingeniería? ¿Cuál es la responsabilidad que le cabe al sistema de vigilancia, a la institución de la curadurías, a los interventores y a los contratistas? No sabemos.

¿Quién es el responsable que se no progresemos y nos contentemos con una lagarteada internacional que nos deje como miembros de la Ocde y de la Otán grande entre los grandes? La verdad son prácticas corruptas, bajo crecimiento, altos índices de criminalidad, apatía y pesimismo.

¿O será que aún después de registrar la transformación innegable de Chile, Panamá, Costa Rica, China entre muchos otros, seguimos diciendo que percatarse de nuestra irresponsabilidad es ver el vaso medio vacío?

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