Analistas 03/03/2026

La toma del hemisferio occidental

Carlos Ronderos
Consultor en Comercio y Negocios Internacionales

Cuando pensábamos que el multipolarismo parecía ser el fenómeno del siglo XXI, con el surgimiento de China como potencia mundial y Rusia mostrando su músculo militar, los Estados Unidos parecen empeñados en hacer de su país el eje de la política y económica mundial.

Ese afán por posicionar a los Estados Unidos como único líder en el mundo, limitando la influencia de China y usando su poder militar para obtener resultados, lo estamos viendo en varios frentes políticos y económicos.

Es en el hemisferio occidental donde hemos visto más de cerca esta política. Todo empezó con Panamá, vecino de Colombia, donde empresas portuarias chinas manejaban la carga en los dos extremos del canal, y vino la exigencia americana de que esos puertos dejaran de estar bajo el manejo de esas empresas, pues el canal era un interés vital y estratégico de los EE.UU., y había sido este país quien había construido el canal. Dicho y hecho: en 2025, la empresa china Hutchinson, que manejaba los puertos de Balboa y Cristóbal, pasó a manos del fondo de inversión americano BlackRock.

Después vino Venezuela, el otro vecino de Colombia, en un episodio que todos conocemos y en el cual no se usó únicamente la diplomacia y la presión, como había sucedido en Panamá, sino una acción militar. De ser este país aliado de Rusia, Irán y China, pasó rápidamente a ser “el mejor amigo de los Estados Unidos”, y el malo del paseo fue Maduro, que acabó en una cárcel en Nueva York, y los amigos, los hermanos Rodríguez. Así, los americanos se hicieron al control del petróleo venezolano y de la minería, que es una de las obsesiones del presidente Trump. (The Economist, febrero 27).

Finalmente, le tocó el turno a Colombia, en el que el presidente pasó rápidamente de llamar a los soldados americanos a desobedecer al comandante en jefe en las calles de Nueva York, a visitar la Casa Blanca, empezar el bombardeo de los grupos alzados en armas y usar glifosato en la erradicación de la coca. Para este logro, los Estados Unidos utilizaron sanciones directas contra el presidente, retirándole la visa e incluyéndolo a él y a otros familiares, así como al ministro del Interior, en la lista Clinton. Otro tanto ha sucedido en Chile, donde se le retiró la visa al ministro de Transporte y Telecomunicaciones, Juan Carlos Muñoz, por entregarle a los chinos la construcción de un cable de fibra óptica submarino, lo que Estados Unidos consideró una amenaza a la seguridad regional.

En este hemisferio vale mencionar, finalmente, los casos de México y Cuba. En el primero, la presidenta Sheinbaum ha pasado a ser aliada de Estados Unidos en el control de los inmigrantes ilegales y en la lucha contra las drogas, al punto de que los americanos reclamaron responsabilidad en la muerte del jefe del cártel Nueva Generación. En el segundo, el bloqueo del petróleo ha permitido que el presidente Trump haya anunciado hace un par de días que muy pronto Cuba será un nuevo aliado de los Estados Unidos, gracias a conversaciones que mantiene su gobierno con el nieto de Fidel Castro.

Todo esto coincide con la elección de jefes de Estado de derecha en la región, como han sido los casos de Chile, Ecuador, Costa Rica y Honduras. Vienen elecciones presidenciales en Brasil y en Colombia, que tienen regímenes de izquierda con alta popularidad, pero aún es temprano para saber qué acontece. De una cosa sí podemos estar seguros: sea cual fuese el resultado, la política de estos países estará alineada con la de Estados Unidos.

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