Pensar en diminutivo

Carlos Ronderos - cronderost@gmail.com

Por alguna razón lo colombianos pensamos y actuamos en diminutivo en muchos de los campos de nuestra actividad económica y social. Es lugar común que los colombianos no busquen desarrollar una actividad profesional sino que se busquen un puestico. Igualmente la solución de vivienda pasa por una casita, socializamos alrededor de un tintico y hasta para la faena etílica acudimos a unos traguitos.

Esta actitud no pasaría de ser una anécdota de las expresiones nacionales, así como el “che” argentino, si no se prolongara a la actitud y manera como se manejan las cosas. Los proyectos nacionales se piensan en escala pequeña de manera que siempre estamos atrasados porque cuando se termina la “obrita” ya nos quedo pequeña. Este es sin lugar a dudas el caso de nuestras “autopistas”. El país ha emprendido un esfuerzo descomunal y sin antecedentes para dotar el país de las “autopistas de nueva generación” y después de ocho años de este gran salto lo que tenemos son tramos de doble calzada que en ningún país del mundo sería considerados autopistas. Se trata de vías de doble calzada que atraviesan pueblos con semáforos, con límites de velocidad arbitrarios, dejando a las vías como “autopisticas”.

Pensamos en diminutivo no solo en las obras de infraestructura como menciono en el caso de las vías o en el del Aeropuerto El Dorado en donde con frecuencia los pasajeros se tienen que bajar por la escalera para un paseo en un bus que rellenan como si fuera Transmilenio, por falta de capacidad para atender tráfico de aviones que llegan a la ciudad. También pensamos en diminutivo cuando se trata de resolver los grandes problemas del país. En estos días de mucho viajero en las “autopistas” nacionales las autoridades pregonan con orgullo que solo (sic) hubo 30 muertes en las vías lo que significa una reducción considerable de las tantas que hubo en la temporada anterior. Hay muertos en las vías, pero ello no tiene mayor importancia; lo importante es que redujimos un poquito el número. Pensar en grande sería cero muertes en las vías lo que significaría controlar, no a la señora que va con su familia a temperar, sino los vehículos de transporte colectivo que andan sin revisión tecnomecánica y a grandes velocidades.

Desafortunadamente hay un escenario en la cual los colombianos sí hemos pensado en grande y es en el mundo de la delincuencia. Contamos con los bandidos más notorios y la industria de la coca y del tráfico de personas y de otras fechorías florecen. Pensamos en grande cuando de corrupción se trata. Ya no es este el país de la pequeña “mordida”, sino el de las comisiones que se tazan en millones de dólares y los contratos oficiales que se valoran en miles de millones. Frente a esa actividad en la cual se piensa en grande, en la justicia se piensa en pequeño. No se construyen cárceles porque para la justicia hay un “presupuestico” y optamos por mejor dejar salir a los delincuentes. No hay suficientes jueces ni recursos y campea la impunidad. No pensamos en grande cuando el país se enfrenta a una profunda crisis de todo el sistema de justicia; sin embargo, las soluciones que se ofrecen se fundamentan en reformitas para hacer un remiendito más.

Cuando alguien, saliéndose del tono diminutivo, propone una solución en grande, le caemos como hienas con el consabido; “eso no se puede”. Pueda ser que en esta campaña los candidatos piensen a Colombia en grande, porque la verdad es que son muy grandes las soluciones que requerimos.

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