Analistas 14/04/2026

Una mala guerra

Carlos Ronderos
Consultor en Comercio y Negocios Internacionales

Así diga lo contrario, la guerra de Irán le salió mal al presidente Trump. Después del triunfo en Venezuela, creyó que eliminando la cabeza visible el régimen se venía abajo, y esa fue su primera equivocación. La segunda equivocación es que creyó que podía aislar la guerra a Irán, pero resulta que Irán la hizo extensiva a los países del golfo. Es decir, los Emiratos, causando una enorme presión, ya que estos vieron su producción de crudo disminuida y la seguridad que prometían a los inversionistas internacionales en duda. El tercero y más grande fue que nunca tuvo en cuenta que todo el poderío americano nada pudo hacer para impedir el bloqueo del estrecho de Ormuz y, finalmente, alienó a sus socios de Occidente, que ni siquiera quisieron participar de la guerra, poniendo en duda la solidaridad de la Otan.

El resultado de todas esas equivocaciones, que causaron daños enormes a la economía mundial por el repentino aumento del precio del petróleo y el pánico en las bolsas de valores, obligó a firmar una paz efímera que parece más bien una capitulación que el triunfo que él reclama para sí. Después de la firma de los diez puntos que se suscribieron como condición al cese del fuego, el estrecho de Ormuz sigue cerrado y su apertura se condiciona a un cese también de los ataques israelíes al Líbano.

La negociación empezó el fin de semana pasado con el vicepresidente Vance y el jefe del Parlamento iraní, y la mediación de Pakistán, aliado de EE.UU., que le botó un flotador de último momento a su socio. Lógicamente, las negociaciones fracasaron. Mientras EE.UU. presiona a Israel para que pare el bombardeo en el Líbano, la posición de Irán parece fuerte y, entre los puntos discutidos, está la ambición de este país de poner un peaje bastante alto a cada barco que pase por el estrecho, aunque hay signos de una posición más flexible en el paso de los tanqueros.

Una reunión del presidente Trump con el director de la Otan salió bien y Trump ha amenazado con replantear la ayuda que da a los países europeos mediante la presencia de bases militares y aéreas en estos países. Desde luego, Rusia, que ya se benefició del levantamiento temporal del embargo de petróleo de EE.UU. y que está vendiendo a precios altos, ve con muy buenos ojos que se dañe esta alianza, porque las ambiciones expansionistas de Putin son evidentes, como lo hemos visto en Ucrania. Es decir, la guerra con Irán acabó beneficiando a quien se considera el más peligroso enemigo de Occidente en el corto plazo.

La revista The Economist, en su edición de la semana pasada, trae en portada una frase de Napoleón que le atribuye a la actitud de Xi Jinping y que dice que “nunca interrumpa a su enemigo cuando este esté cometiendo errores”, queriendo con ello señalar que China también sale fortalecida de este evento. China, según la publicación, ve en esto el declive de EE.UU., mientras que este se mantiene ocupado y no interfiere en los asuntos que interesan a China en el Lejano Oriente.

En resumen, un enorme fiasco y una enorme incertidumbre después del fracaso de las negociaciones, fundamentalmente por el tema del uranio, y la decisión de Trump de bloquear el estrecho prometiendo limpiarlo de minas. Le quedan a EE.UU. muy pocas opciones diferentes a una guerra prolongada que recuerdan a Vietnam e Irak, con un gran costo político de cara a las próximas elecciones de Congreso y consecuencias nefastas para la economía mundial que ya estamos viendo.

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