Analistas 12/08/2026

Viva la democracia

Carlos Ronderos
Consultor en Comercio y Negocios Internacionales

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El pasado 7 de agosto, día en que se conmemora la batalla de Boyacá, se posesionó un nuevo presidente de la república, siguiendo una tradición democrática que, con excepción del cuatrienio del general Rojas, se extiende hasta el siglo XIX. Pero aun el mandato de Rojas fue impuesto por los partidos para que sirviera un período durante una época de enorme conflicto como un llamado a la concordia. Fue luego depuesto por los mismos partidos apenas quiso prolongar su gobierno más allá de lo acordado.

Como dicen algunos historiadores, se trató de una “dictablanda”. Resultado de ese acuerdo por deponer al dictador, surgió una etapa de la vida nacional que, si bien trajo paz entre los partidos, restringió enormemente la democracia: me refiero al Frente Nacional, ese acuerdo entre liberales y conservadores para dividirse la torta del poder por 16 años.

No fue esta la mejor fórmula, pero no se prolongó en el tiempo y dio paso, con la elección de López Michelsen en 1974, a una confrontación política propia de una plena democracia. Son 42 años en los que, a pesar de la violencia, han triunfado unas instituciones que cada día se muestran más sólidas. Se ha tratado de acabar con los procesos democráticos en múltiples ocasiones con el asesinato de líderes de la derecha, el centro y la izquierda. Son los casos de Jaime Pardo Leal, Bernardo Jaramillo Ossa y Carlos Pizarro, de la izquierda; Luis Carlos Galán, del centro; y Álvaro Gómez y Miguel Uribe Turbay, de la derecha. Esos magnicidios no lograron un llamado a la fuerza fuera de la democracia.

Las instituciones que sustentan la democracia en Colombia han resistio hasta ahora el embate del narcotráfico y de grandes bandas criminales. Ha sobrevivido a la desaparición de los partidos tradicionales y al surgimiento de partiditos, que se han ido consolidando en verdaderas fuerzas políticas. Este proceso ha permitido que lleguen al poder las fuerzas más disímiles sin que ello signifique una ruptura institucional. Esa democracia que forjó un Congreso donde empezaron a aparecer figuras capaces de cuestionar el devenir político y dar grandes debates que dieron paso a nuevas fuerzas políticas como las de Gustavo Petro y Jorge Robledo.

Las instituciones democráticas también han resistido embates desde la calle y el poder. Desde la calle, el Estallido Social de 2021; desde el poder, la reforma constitucional del 91 y la presidencia de Gustavo Petro, quien cuestionó durante estos últimos cuatro años las mismas instituciones que lo llevaron a la presidencia. Nunca en estos 42 años se ha tenido la sospecha de fraude, y atrás quedó el recuerdo del 19 de abril, cuando se cuestionó la elección de Misael Pastrana y que dio origen al M-19. Solo hasta ahora el presidente Petro cuestiona una elección y reclama fraude contra toda evidencia y sin ningún sustento.

No hay duda de que nuestra democracia tiene fallas y todavía persisten el clientelismo y los feudos podridos en algunas regiones del país, pero, como demostró la renovación del actual Congreso, cada vez son menos los caciques regionales que imponen candidaturas y cada vez más los partidos y movimientos fuertes que, con el respaldo del voto libre, eligen el legislativo.

El pasado 7 de agosto vivimos una nueva transición en nuestra democracia y pudimos observar un cambio fundamental en el rumbo del país, para felicidad de muchos y nostalgia de quienes no tuvieron la oportunidad de ganar el voto popular con sus acciones de gobierno. ¡Que viva la democracia!

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