Analistas 20/10/2026

Woke y economía

Carlos Ronderos
Consultor en Comercio y Negocios Internacionales
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Una reciente intervención del presidente volvió a poner el wokismo y el antiwokismo en el centro del debate. Este término, que significó inicialmente un despertar en la defensa de los derechos de la población negra en Estados Unidos, y después de otros sectores de la sociedad, como la población Lgbt, poco a poco se fue convirtiendo en un movimiento que ganó elecciones y penetró los ambientes culturales de las universidades y otros círculos intelectuales.

Los derechos a los que se refería el wokismo cambiaron el lenguaje y la actitud con la que se debía hacer referencia a personas “diferentes”, al punto que un segmento de la población empezó a manifestarse en contra de temas como la “educación de género” y las nuevas formas de organización social que surgían, en defensa de la familia tradicional -padre, madre e hijos-, y de otros asuntos como el tratamiento a migrantes.

Fue en este contexto en el que irrumpió Trump, lo que le permitió ganar las elecciones presidenciales de su segundo mandato y la mayoría en las dos cámaras legislativas. Tras la victoria de Trump, y con un lenguaje parecido y un mensaje claramente antiwoke, empezaron a triunfar también fuerzas de derecha en toda América Latina. Así empezó la región, con la elección de Bukele en El Salvador y su discurso claro en contra de los derechos que podían asistir a los delincuentes. En esa misma línea fue elegido Kast en Chile, con un mensaje muy religioso, muy duro contra los inmigrantes y a favor de la familia tradicional, y así sucesivamente en los diferentes países hasta llegar a Colombia y, lo más probable, a Brasil.

El electorado que eligió a Trump y a los presidentes de la región reaccionó contra el progresismo, íntimamente asociado al wokismo, buscando organizar sus sociedades a la manera tradicional, mientras que el tema económico, que generalmente define los comicios, pasaba a un segundo plano.

Se aproximan elecciones parciales de los cuerpos legislativos en EE.UU. y, si bien ese electorado que votó por Trump sigue siendo tradicional y religioso, ha empezado a pensar que más importante que su ideología es su bolsillo. El aumento del costo de los alimentos, el encarecimiento del combustible por cuenta de la guerra en Irán y los altos precios de la vivienda están llevando al electorado a votar por candidatos enemigos de Trump, e inclusive de la corriente socialdemócrata, como Zohran Mamdani en Nueva York.

En Colombia, donde todo nos llega tarde, ganó el antiwokismo, como ya lo anotábamos, y el presidente está dispuesto a dar la batalla cultural que ello significa. La pregunta que surge es hasta dónde el fervor ideológico podrá ser neutralizado por la realidad económica. Más allá de quién sea el responsable de la debacle que se avecina, con apagón, fenómeno de El Niño y terremoto, es claro que la situación económica será grave.

Se les podrá echar la culpa a los fenómenos ambientales y a la irresponsabilidad de la administración Petro durante un año, pero con la inflación creciendo cada día y el desempleo aumentando, el electorado antiwoke, que no es experto en economía, empezará a percibir en sus bolsillos el cambio que inevitablemente se va a sentir en la transición del derroche a la austeridad.

Por ello es importante que el apretón se sienta menos en los sectores más vulnerables, porque el antiwokismo no debe confundirse con una política económica que favorezca a los más ricos esperando que el bienestar descienda al resto de la población, como ha hecho Trump.

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