Analistas 26/08/2026

Aceptar para crecer

Carlos Zavala
Gerente general de Visa para la Región Andina

La escena es cada vez más común. Un consumidor está listo para pagar de manera digital, pero el negocio frente a él solo puede recibir efectivo. Parece un detalle cotidiano, pero revela una desconexión que sigue limitando silenciosamente la productividad del país. Mientras millones de personas ya participan en la economía digital, muchos comercios aún permanecen por fuera de ella.

Durante años, la conversación sobre inclusión financiera se concentró, con razón, en ampliar el acceso de las personas al sistema financiero. Esa agenda ha sido fundamental. Sin embargo, la inclusión también depende de que los comercios puedan participar plenamente en la economía digital.

Por eso, la aceptación de pagos no es un asunto técnico del sistema financiero. Es infraestructura para el desarrollo económico. Cuando un comercio logra entrar a la economía digital, no solo vende más. Gana trazabilidad que se traduce en menos fraude, fortalece su productividad y construye una historia que le abre la puerta al crédito formal. Esta oportunidad es especialmente relevante para Colombia. Nuestro tejido empresarial está compuesto, en su mayoría, por micro, pequeñas y medianas empresas, que representan 99,5% de las compañías de América Latina y el Caribe y son el verdadero motor de sus economías. Miles de estos negocios operan todos los días con una enorme capacidad comercial, pero todavía cuentan con herramientas financieras limitadas. Esa brecha los deja un paso atrás, precisamente cuando más posibilidades tienen de crecer.

Donde crece la aceptación, crecen con ella las oportunidades de miles de negocios pequeños, se fortalecen los ecosistemas digitales y se acelera la inclusión financiera. La experiencia demuestra que la digitalización genera mayor impacto cuando no se limita al consumidor, sino que incorpora plenamente a quienes venden, producen y emprenden.
Durante mucho tiempo, hablar de aceptación equivalía a hablar de infraestructura costosa, equipos especializados y procesos difíciles de implementar. Ese panorama cambió. Hoy existen tecnologías que reducen de manera drástica esa barrera de entrada. Un teléfono puede convertirse en un punto de aceptación, entre otras opciones para cada caso.
Hoy, la aceptación sigue siendo estratégica para el país, no como una categoría aislada del sistema de pagos, sino como una pieza central de su competitividad y formalización. Si Colombia quiere una economía más productiva, inclusiva y moderna, tiene que mirar no solo a quienes pagan, sino también a quienes cobran.

Colombia ha demostrado que es capaz de adoptar rápidamente nuevas tecnologías cuando responden a necesidades reales. En junio de este año, la penetración de pagos sin contacto de Visa en Colombia alcanzó 93%, una cifra que pocos mercados de la región logran igualar. Ese mismo ritmo de adopción puede extenderse ahora al otro lado del mostrador, donde está la mayor oportunidad pendiente. Una economía digital no se mide solo por cuántas personas pueden pagar de forma distinta. También se mide por cuántos negocios pueden cobrar de la misma manera. Mientras un comercio siga por fuera de ese circuito, la transformación del país seguirá incompleta. El desafío dejó de ser tecnológico. Hoy el reto es que el más pequeño de los comercios y personas emprendedoras reciba pagos digitales y así haga más sostenible su negocio. Llevar la aceptación al tendero de barrio, al restaurante familiar, al negocio más pequeño, es construir país.

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