Analistas 03/02/2026

Multiplicar valor: la vía multilatina

América Latina tiende a mirar hacia fuera en la búsqueda de inversión, crecimiento o innovación. Observamos a Estados Unidos como destino natural de expansión, a Europa como referencia regulatoria y a Asia como ejemplo de escala y eficiencia. Todos vistos como mercados de expansión natural, exportación e internacionalización. Pero casi nunca miramos hacia los países vecinos. Esta omisión tiene un coste de oportunidad; desaprovechamos el mayor activo que tenemos: un mercado de más de 660 millones de consumidores, talento joven y sectores productivos altamente complementarios.

En un momento de reconfiguración del contexto geopolítico y de cambio en las cadenas de valor, la región avanza como una suma de mercados aislados, una fragmentación que reduce competitividad e influencia global. Trabajar de forma integrada no es un ideal político; es una estrategia socioeconómica, política y empresarial urgente -y posible- si adoptamos una mentalidad multilatina.

Tradicionalmente, la región ha basado su narrativa de desarrollo en la capacidad de atraer inversión extranjera. En 2024, América Latina recibió US$189.000 millones en IED, según la Cepal, un aumento de 7,1% respecto al año anterior. Aunque relevante, esta cifra revela una verdad incómoda: dependemos de un flujo de inversión concentrado y externo, estancado en manufactura e hidrocarburos, sectores donde el crecimiento es limitado frente a los servicios tecnológicamente intensivos y cuyos principales receptores son Brasil y México. Mientras tanto, los encadenamientos productivos dentro de América Latina permanecen débiles y la diversificación hacia sectores de mayor valor agregado avanza lentamente.

Los datos muestran que la apuesta multilatina es un multiplicador económico relevante. Según el VII Informe Global Latam 2025, publicado por Icex y Segib, las diez mayores empresas regionales generan el 73 % de sus ingresos fuera de su país de origen. Son empresas que crecen más y hacen crecer a los países donde operan. Pero más allá de las grandes corporaciones, se trata de aquellas compañías -grandes, medianas y emergentes- que tienen el potencial de crecer regionalmente si cuentan las condiciones y los incentivos necesarios, como marcos regulatorios favorables u oportunidades de financiación adaptadas al crecimiento transfronterizo.

Pensar en clave multilatina también implica integrar conocimiento, tecnología y talento. Cuando una empresa opera en varios mercados latinoamericanos, transfiere conocimiento, acelera la profesionalización y eleva estándares. Todo ello incrementa productividad y competitividad. En sectores como energía, logística, agroindustria, salud o tecnología, las posibilidades de desarrollar investigación conjunta, innovación compartida y cadenas de valor regionales son enormes y están lejos de su potencial real.

Para los líderes públicos, el reto es crear el terreno fértil: regulaciones que converjan en lugar de disgregar, infraestructura logística interconectada, alianzas educativas regionales y esquemas de movilidad laboral más compatibles. Para los decisores empresariales, el desafío es estratégico: dejar de ver América Latina y el Caribe como un mosaico de mercados independientes para entender su potencial como un solo sistema económico ampliado, como un bloque productivo con identidad propia.

Multiplicar valor no exige mirar siempre hacia fuera. Requiere mirar hacia los lados, construir puentes y actuar en consecuencia.

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Análisis - América Latina - Latinoamérica