De analista a directora: 35 años aprendiendo a hacer empresa
Hace 35 años llegué a Econometría como analista. No llegué pensando que algún día sería su directora. Llegué, como llegan tantos jóvenes a su primer trabajo, con ganas de aprender, de demostrar que podía hacerlo bien y, seguramente, con muchas más preguntas que respuestas.
Después fui directora de proyectos, subdirectora durante tres años y, finalmente, directora durante los últimos cuatro. Haber recorrido distintos lugares dentro de una misma organización terminó siendo una de las experiencias más enriquecedoras de mi vida profesional.
Hoy, cuando cierro ese ciclo, pienso que mi historia habla también de algo en lo que creo profundamente: el valor de poder hacer carrera dentro de una organización. Crecer dentro de una empresa permite conocerla desde perspectivas muy distintas. Yo supe lo que significaba recibir instrucciones antes de tener que darlas.
Tuve jefes antes de ser jefe. Entre ellos, mi gran mentor, Diego Sandoval. Trabajé directamente en proyectos, enfrenté entregas, clientes exigentes, dificultades y aprendizajes antes de asumir responsabilidades sobre toda la organización.
Ser analista me enseñó el rigor y la importancia de los detalles. Dirigir proyectos me enseñó a responder por resultados y, sobre todo, a trabajar con personas. La subdirección de la mano de Mauricio Olivera me permitió entender la organización como un todo. Y llegar a la dirección me mostró algo que quizá solo se comprende plenamente cuando se ocupa esa silla, y es que liderar no significa saber más que los demás, sino crear las condiciones para que el talento de los demás pueda florecer.
Creí en la confianza, en delegar, en escuchar y en rodearme de personas capaces de controvertirme. Siempre he pensado que un buen líder no debe sentirse amenazado por quienes saben más que él. Por el contrario, una de sus responsabilidades es encontrarlos, abrirles espacio y ayudarlos a crecer.
Por eso mi retiro tiene para mí un significado especial. La persona que asume ahora la dirección en propiedad, Carolina Suárez, fue mi gerente técnica. A su lado queda un equipo que representa buena parte de lo que intenté construir durante mi paso por la dirección: Marisol Rodríguez, como gerente de licitaciones, pieza fundamental en la búsqueda de nuevas oportunidades y en la construcción de relaciones de largo plazo con nuestros clientes; Benjamín Venegas, a quien tuve la oportunidad de designar como gerente técnico y en cuyo talento y capacidad confié; y Carolina Latorre, cuyo empuje, visión y disciplina abren espacios y nuevas oportunidades en nuevos nichos de mercado.
Que ellos y el equipo que me acompañó continúen es para mí uno de los reconocimientos más significativos a la labor realizada. Pero, sobre todo, es una enorme tranquilidad. Una organización no demuestra su fortaleza cuando depende de quien la dirige, sino cuando puede hacer un relevo conservando su talento, su conocimiento y su capacidad de seguir creciendo.
Tal vez allí está uno de los aprendizajes más importantes de estos 35 años: las organizaciones deberían ofrecer a las personas la posibilidad de imaginar un futuro dentro de ellas.
En una época en la que cambiar permanentemente de empresa parece ser casi una condición para progresar, mi experiencia fue diferente. Permanecer no significó quedarme quieta. Significó cambiar de responsabilidades, enfrentar nuevos desafíos, aprender cosas distintas y encontrar una organización que también fue capaz de transformarse y de darme espacio para crecer.
Por supuesto, ninguna trayectoria de 35 años se construye sola. Tengo una enorme gratitud con mis socios, con quienes compartí decisiones, diferencias, dificultades y sueños. Con mi coequipero, Gelcy Díaz, el amigo y apoyo en los momentos más difíciles.
Con todos los colaboradores que me enseñaron a lo largo de estos años; con nuestros clientes, que depositaron en nosotros su confianza; y con tantas instituciones, empresas y organismos nacionales e internacionales que nos permitieron conocer mejor a Colombia, así como 25 países en América, Asia y África, y contribuir, desde la investigación y la consultoría, a responder algunas de sus preguntas más importantes.
También agradezco a una junta directiva de lujo: a su presidente, Arturo García, con su visión empresarial; a Eduardo Lora, el gran sabio, con capacidad de ver más allá; a Francisco Azuero por su integridad y ecuanimidad; a Guillermo Rudas por buscar puentes con nuestro centro de estudios; a Laura Camacho por su gran sentido comercial y por hacer las preguntas adecuadas; a Alejandro Vivas por recordarnos siempre la visión de los fundadores de Econometría; a María Gloria Cano por imprimir el sentido humano; a Nury Bejarano por recordar lo que requiere el equipo técnico de la firma; a Manuela Mejía por buscar abrir cada vez más el espacio de la multidisciplinariedad; a Camila Reyes por su visión global; y a Jaime Millán, que con su mente brillante siempre me retó a ver las cosas desde otra óptica.
Con los años entendí además que el liderazgo tiene menos que ver con protagonismo y más con construcción colectiva.
Aprendí que exigir y ser cercano no son conceptos opuestos, que escuchar no debilita la autoridad. También que reconocer un error fortalece la confianza, que cambiar de opinión ante un mejor argumento es una virtud y que formar a quienes eventualmente pueden reemplazarnos debería ser parte esencial del trabajo de cualquier líder.
Quizás por eso entregar hoy la dirección no lo vivo como una pérdida. Lo vivo como la culminación natural de una carrera que comenzó en el escritorio de una analista y terminó, 35 años después, en la dirección de la misma organización.
Me voy agradecida y orgullosa, pero también consciente de que llega el momento de abrir espacio a otros. Quiero dedicar tiempo a mi familia, estudiar, viajar, leer, aprender cosas nuevas y descubrir desde dónde quiero aportar en esta nueva etapa de mi vida.
A Fernando Quijano y a La República, gracias por abrirme durante estos años un espacio para compartir ideas y, hoy, por permitirme compartir algo mucho más personal.
Si tuviera que dejar una reflexión después de este recorrido sería que hacer carrera no consiste simplemente en permanecer muchos años en un lugar. Consiste en no dejar nunca de aprender mientras se está allí.