Tribuna Parlamentaria 31/08/2021

Desafíos del nuevo empleo

Catalina Ortiz
Analista

El empleo está cambiando de manera profunda e irreversible. La pandemia aceleró esa transformación y es imposible no tenerla en cuenta si queremos tener algún chance de competir en la llamada nueva economía. Los cambios en las dinámicas del funcionamiento de la economía y de la fuerza de trabajo tanto a nivel mundial como local, hacen que los que estamos preocupados por generar ingresos, empleo y trabajo para la población tengamos que hacerlo de manera diferente.

Para la generación actual será un imperativo cambiar de quehacer varias veces en la vida. A diferencia de las generaciones anteriores que podían tener uno o dos trabajos durante todo su ciclo vital. Por eso, con enfoque de política pública, debemos pensar en la migración del empleo y la capacidad de que los trabajadores no solo cambien de trabajo, sino de tipo de empleo. Es necesario identificar los nuevos fenómenos laborales que se han incrementado y fortalecido en la coyuntura actual, y la forma en que el país está preparado o no, para hacer esta transición.

En este punto es importante considerar el auge de la llamada “gig economy”, que hace referencia a los trabajos que pagan por tarea, proyecto o periodos cortos de trabajo -esto engloba principalmente a micronegocios, freelances y consultores-. Su uso se ha extendido porque se apalancan en el uso de herramientas tecnológicas que permiten trabajar a distancia y estar constantemente conectados.

Las cifras son claras. El 31% de la fuerza laboral en América Latina se siente atraída por la gig economy y en el caso de Europa y Estados Unidos ya son 150 millones de trabajadores quienes han optado por este modelo de trabajo.
El reto asociado a este tipo de trabajo tiene que ver con el bajo acceso a la tecnología y el poco conocimiento acerca de este tipo de oferta. Pero también pasa porque no hay suficiente oferta laboral apropiada para este tipo de trabajos. Hay desafíos regulatorios, de mentalidad y de estructura económica, para que las empresas ofrezcan este tipo de oportunidades, que lejos de precarizar el empleo en muchos casos son exactamente lo que los nuevos “empleados” están buscando. El acceso a internet es otra dificultad, así como la transición hacia el uso de diferentes aplicaciones y plataformas que permitan esta forma de trabajo. Por eso, desde el Foro Económico Internacional se ha advertido que es probable que la desigualdad se vea agravada por el doble impacto de la revolución tecnológica y la recesión provocada por la pandemia, que está golpeando con más fuerza a las personas de bajos ingresos, las mujeres y los jóvenes. Para asegurar ingresos y combatir el desempleo es indispensable superar la brecha de 30% de los hogares colombianos que no tienen acceso a internet, y una penetración de internet fijo de apenas 37,5%.

Son muchos los desafíos para bajar el desempleo de doble dígito en Colombia y lograr una economía vibrante aprovechando las oportunidades de la nueva economía. Debemos tener conversaciones difíciles acerca de los costos laborales, la diferencia entre trabajo, ingresos y empleo, además de repensar los parafiscales y hasta las pensiones. Pero más allá de lo obvio que es el acceso a internet y tecnología debemos enfrentar los tropiezos que nos generan una mentalidad anticuada, y muchos desafíos regulatorios que se desprenden de allí.

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