El fenómeno del Niño y la economía
En marzo de 2026, el Ideam anunció que se estaba observando el calentamiento de las aguas del océano pacífico que llevaban a prever que el fenómeno de El Niño podría presentarse en Colombia a partir del segundo semestre de 2026. El 8 de octubre, luego de varios meses de observación, el Ideam confirmó que se cumplían “las condiciones técnicas para declarar oficialmente el fenómeno de El Niño en Colombia”. Anunció también que mantenía el “monitoreo permanente de sus posibles efectos sobre las lluvias y las temperaturas.”
Es seguro entonces que “la anomalía de la temperatura superficial del mar en la región Niño 3.4 podría alcanzar aproximadamente +3,7 °C entre octubre y diciembre de 2026, superando el máximo observado en el registro histórico de este índice”. El Ideam señala, con base a observaciones de la Noaa (National Oceanic and Atmospheric Administration de los Estados Unidos), que “El Niño 2026 podría ser uno de los más intensos registrados desde 1950, debido al fuerte calentamiento del Pacífico ecuatorial.”
La situación que se describe es preocupante y sus consecuencias, en precipitaciones excesivas, derrumbes y sequías en los diversos territorios del país pueden ser graves. En su página web, el Ideam tiene identificados esos territorios y como serían afectados.
Ante semejante anuncio, el gobierno nacional tiene que estar muy atento porqué tendrá que acudir en auxilio de las poblaciones afectadas; es su obligación. Las ocurrencias, en algunos casos exigirán atención a desastres, en otras, subsidios; en ambos casos para aminorar los efectos de los fenómenos climáticos que ocurrirán en casi todo el país como anuncian los conocedores.
Ello tendrá consecuencias fiscales, lo cual resulta complicado en momentos en que Colombia tiene un elevado déficit fiscal que quiere reducirse apelando a créditos externos, A su vez, esto tendrá consecuencias revaluatorias sobre la tasa de cambio. Esto último será en perjuicio de los productores nacionales que, cada vez, tendrán que enfrentar importaciones más baratas y, sobre todo, perjudicará a los exportadores que ya se encuentran en situación difícil por revaluaciones anteriores.
A su vez, el sistema financiero tiene que estar atento y actuar con presteza. En algunos casos será necesario acudir a nuevos créditos o a la refinanciación de los otorgados en plazos, número de cuotas y, en algunos casos, apoyo a la tasa de interés. Esto exige una colaboración estrecha entre el sistema financiero y las autoridades locales. Estas últimas son las que mejor pueden identificar y certificar a los más afectados que requieran refinanciar sus créditos en tiempos y plazos.
Los tiempos futuros cercanos, exigentes y difíciles, exigen la solidaridad de todos los colombianos.