Analistas 18/03/2026

Antioquia se respeta

César Mauricio Rodríguez Zárate
Teniente coronel (RP) PhD. Research Associate Leiden University

No soy antioqueño, pero quiero y respeto mucho esta, como todas las regiones de mi país. Llegué a estas tierras hace algunos años por el deber del servicio a la Patria. Por los antepasados de mi esposa, mis hijos llevan orgullosamente apellido antioqueño, aprendiendo el amor al trabajo, al emprendimiento y al deporte. Un pedazo de Colombia del que solo tengo profundo agradecimiento y ganas de retribuir, ayudar y aportar. Hoy Antioquia es atacada por esa política de las ideologías y los odios que arruinan y dividen, la del comunismo y de la perversa combinación de las formas de lucha.

Es inaceptable que se tache esta región como una narcoeconomía, cuando precisamente es donde se combate con mayor decisión al crimen. Donde, como dice el gobernador Andrés Julián Rendón, no se contemporiza con ellos, se les enfrenta con firmeza. Donde, reconociendo el esfuerzo de miles de empresarios y comerciantes, se aporta una tasa para la seguridad que ha permitido mejorar las condiciones de nuestra Fuerza Pública, porque un militar o policía motivado y con su moral en alto es garantía de defensa de la democracia y protección de nuestras libertades. Una región que ha implementado iniciativas de seguridad con IA, tecnología y cámaras en las vías del departamento, sus entornos escolares, fincas y comercio, porque donde hay seguridad hay progreso.

La contribución de Antioquia al desarrollo del país es inconmensurable. Desde la minería, que fue una de las bases para la industrialización a inicios del siglo XX, hasta el café, que le permitió a Colombia pasar de la agricultura de subsistencia a la de exportación. Desde los cientos de familias de Marinilla, Santuario y Granada que hoy dan vida al comercio del centro de Medellín, hasta los grupos empresariales textiles, de alimentos, transporte, servicios públicos y fintech que generan millones de empleos y son núcleo de transformación económica del país.

Ni hablar de sus aportes a la cultura y a la educación. Desde la Universidad de Antioquia, que ha sido fuente de reconocidos médicos, abogados y maestros, pasando por la Escuela de Artes y Oficios en 1869 para profesionalizar a los artesanos antioqueños, o la Escuela de Minas, que en 1940 se convierte en la facultad pionera de la sede Medellín de la Universidad Nacional de Colombia, hasta las modernas Universidad Eafit y la Universidad Escuela de Ingeniería de Antioquia (EIA), destacadas en la formación de dirigentes empresariales y nuevos líderes emprendedores para las ciencias de la vida, la ingeniería, la tecnología y los negocios.

Antioquia es pujanza, es bizarría. La tierra donde nada es imposible. Así lo inspiraron el ingeniero Francisco Cisneros y Pedro Justo Berrío cuando creyeron que era posible atravesar las montañas desde el río Magdalena para construir el ferrocarril de Antioquia. Hoy ese espíritu pervive gracias a la unidad entre la gestión pública y la empresa privada, de donde renacerá el tren multipropósito para integrar un megaproyecto que unirá en tres grandes tramos: La Pintada con Caldas, en el sur del Valle de Aburrá; el tren del río, conectando los municipios de Bello, Copacabana, Girardota y Barbosa; y el tren verde hasta Puerto Berrío, fortaleciendo la integración logística con el centro y oriente del país.

Antioquia es pujanza. Cuatro proyectos estratégicos en desarrollo -el túnel del Toyo, el túnel de Oriente, las vías 4G y Puerto Antioquia- convertirán al país en un hub logístico exportador al conectar, en menor tiempo y con menos costos, la carga hasta Urabá desde el interior del país. Como esta, los Santanderes, el Tolima Grande, la Cundiboyacense, la Costa Caribe, el Eje Cafetero, la Orinoquía y la Amazonía, el Valle y todas las regiones contribuyen a la generación de empleo y al desarrollo. No se puede cuestionar el gran aporte que hacen al progreso del país; por eso es impresentable señalarlas o estigmatizarlas. No puede haber cabida a la política del odio, de la venganza y de la violencia de palabra.

Esta región ha sabido sobreponerse al dolor y a la violencia con decisión. Hoy, tanto Medellín como Antioquia logran la tasa de homicidio más baja en décadas, son ejemplo de gestión pública, y las empresas industriales y comerciales del Estado a su cargo son las más eficientes y las que mayores utilidades le aportan al país. Ningún político puede maltratar la misma tierra que pretende gobernar. Es una antinomia. Si Antioquia resiste, Colombia se salva.

TEMAS


Antioquia - Regiones - Desarrollo