Analistas 03/02/2026

La realpolitik en el encuentro con EE.UU.

César Mauricio Rodríguez Zárate
Teniente coronel (RP) PhD. Research Associate Leiden University

El esperado encuentro entre los mandatarios de EE.UU. y Colombia no tendrá ni la pompa protocolaria, ni efectos diplomáticos más allá de reiterar las líneas rojas de Trump para un gobierno diametralmente opuesto al enfoque de autoridad, seguridad y pragmatismo que caracteriza a los republicanos en las relaciones internacionales. La reunión será una auditoría política: Washington condicionará el país como socio funcional y remarcará la exigencia de resultados concretos contra el crimen y el narcotráfico.

Hoy la opinión no se pregunta si polarizar la relación con Estados Unidos puede derivar en decisiones radicales, lo corrobora. Ese temor se despertó con Venezuela y por ello, una vez ocurrió la captura de Maduro, inmediatamente los ministros del interior y el de Justicia salieron a decir que estaban dispuestos a reactivar la cooperación con EE.UU.. El presidente también buscó a Trump para bajar la presión. La percepción sobre la potencia del norte cambió. El mundo comprobó quiéralo o no, que en tratándose de seguridad, lucha antidrogas, migración y economía, se ha impuesto una visión y un enfoque geopolítico basado en el aseguramiento de recursos estratégicos, aranceles y el retorno del orden mundial.

No habrán acuerdos sustanciales, el encuentro simplemente buscará bajar los niveles de tensión, sentar las líneas rojas de Trump y asegurar que la relación económica -más por la necesidad comercial de Colombia- se mantenga, aunque persistan las diferencias políticas, además es una necesidad. Para exportadores y empresarios nunca antes la relación comercial presentó tantos altibajos como estos años de gobierno, salidas disonantes, trinos en la madrugada, fantasmas de aranceles y la ruptura de una relación histórica y estratégica en lo comercial y en seguridad.

Una cosa está clara y es que EE.UU. es un jugador estratégico de primer nivel. No se sentará gratis y sin rédito con un gobierno con el que disiente; sin duda impondrá su postura y reiterará su visión y condiciones de cooperación con contundencia. No se desgastará, ni modificará su posición sabiendo que ya finaliza el gobierno.

Sin embargo quedan varias asignaturas pendientes. En economía, el mantener acuerdos y aranceles razonables con nuestro principal socio comercial, es fundamental, en momentos donde los exportadores enfrentan un dólar bajo y decisiones económicas internas adversas para la productividad. Aquí lo que se debe garantizar es prudencia y evitar la confrontación. Como se ha analizado, en últimas quienes pierden, son los miles de trabajadores del sector de la agroindustria.

Sin embargo, la economía depende del tono político y de avances concretos en seguridad que es lo que le interesa a Estados Unidos. Será urgente resolver varias preguntas: ¿por qué se sigue negociando con organizaciones consideradas como terroristas por EE.UU. como las disidencias FARC de alias Calarcá o el Clan del Golfo, cuando siguen traficando con cocaína?, ¿por qué no han respondido por delitos de lesa humanidad, masacres y desplazamientos que persisten en regiones como Cauca y El Catatumbo?

¿Por qué no se condenó y suspendió cualquier tipo de relación con Calarcá, cuando se determinó que las estructuras bajo su mando fueron las que derribaron el helicóptero estadounidense asignado a la Policía en Amalfi, responsables del asesinato de 13 policías?, ¿por qué se sigue dialogando con quienes impulsan el mayor crecimiento de cultivos ilícitos y de producción de cocaína en la historia del país, como lo demostró la ONU con el Informe Mundial de las Drogas?

La realidad es que la relación es asimétrica y que a cinco meses de finalizar gobierno, el gobierno nacional está aislado. Además está descertificado, cuestionado y en lista Clinton. No se puede enfrentar a Trump, así en rueda de prensa posterior y en solitario desde la embajada se anuncien propias conclusiones para agradar a la tribuna. Hoy se demuestra que en la Realpolitik de las relaciones internacionales prevalecen intereses geopolíticos con tres grandes palancas economía, tecnología y seguridad, y en relación con Colombia su único interés es que el país demuestre con hechos y no con retórica, resultados reales en la lucha contra los grupos ilegales del narcotráfico y cooperación práctica contra el crimen transnacional.

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