Los cinco retos del poder
Ninguna otra posesión presidencial había generado tanta expectativa, especialmente por el riesgo tan cercano y dramático que tuvimos de perder la democracia, las libertades y las instituciones. El presidente electo se enfrenta ahora a la exigente tarea de gobernar y desde ya se advierte: no será fácil. Sin ningún ánimo de ser tremendista, desde tres momentos de la historia reciente del país: La Violencia, el narcoterrorismo y la reciente ola de neocomunismo y marxismo cultural, el país no se enfrentaba a una confluencia de circunstancias estructurales o Wicked problems -de complejas interdependencias-, como ahora; pero tampoco, de tanta esperanza, ánimo renovado, ganas de aportar y mucha fe.
Se requiere de un gobierno inteligente, disciplinado y ágil, con conocimiento técnico, eficiente en la ejecución, con sinergia legislativa para impulsar cambios estructurales, empático con la realidad nacional y muy resiliente, porque desde el principio sus enemigos, buscarán medirle el pulso a su capacidad y gobernabilidad. Y el primero sin duda será en seguridad y en la combinación de las formas de lucha a través de la protesta social violenta.
Ya lo vimos con el grave atentado a la Policía en Cúcuta y la seguidilla de acciones terroristas a nivel nacional. Mientras se reorganizan y recuperan las capacidades de la Fuerza Pública, seguramente serán meses de una arremetida criminal. Desde ya toda la ciudadanía debe rodear a nuestros militares y policías para rescatar el control territorial, pero también deben movilizarse rápida y estratégicamente las gestiones normativas para darles las herramientas que les permitan retomar la iniciativa operacional, de medidas por parte de gobernadores y alcaldes en materia de orden público, pero también en la justicia, para combatir la impunidad y la reincidencia criminal en las ciudades. Todo va conectado, como lo indiqué en mi columna del 23 de marzo de 2023: no hay seguridad, sin justicia.
Y sin seguridad no hay confianza, sin confianza no hay inversión y sin inversión, no hay crecimiento económico sostenible. Sin embargo, el desafío no proviene únicamente de las organizaciones criminales. Genera alarma el ambiente que deja el gobierno saliente para promover movilizaciones permanentes, conformar una especie de milicias o “guardias libertadoras” y las referencias a la desobediencia civil que han generado un intenso debate sobre sus efectos en la estabilidad institucional y el orden democrático. Ninguno de estos eufemismos se justifican para sabotear al gobierno, cualquiera que sea, ni para generar más violencia de palabra y de hecho, y por esa vía, más odio y polarización.
El segundo desafío será fiscal y económico. Colombia necesita medidas que combinen reducción y disciplina de gasto, incentivos productivos y generación de confianza para atraer inversión. El equilibrio fiscal no es un objetivo ideológico, es una condición que garantiza un Estado que pueda financiar seguridad, educación, salud e infraestructura sin comprometer la estabilidad macroeconómica de las próximas generaciones. Será indispensable garantizar reglas estables, fortalecer la independencia institucional y ofrecer señales claras de respeto por la iniciativa privada, como único modelo probado en el mundo que genera empleo y crecimiento.
Precisamente allí aparece el tercer reto.
Tenemos uno de los rezagos más importantes de América Latina en materia de productividad. El crecimiento económico futuro dependerá menos del precio del petróleo o del dólar y mucho más de la capacidad para incorporar tecnología, innovación, formación de capital humano y conocimiento 4G, que genere empleo de calidad, así como infraestructura y logística. Un país no se desarrolla solo produciendo más, sino mejorando sus fortalezas y diversificando en nuevos y cualificados sectores de la economía.
El cuarto reto será recuperar el sistema de salud. Urge solucionar las crecientes dificultades que enfrentan los colombianos para acceder oportunamente a atención médica, medicamentos y tratamientos especializados. El desafío no consiste solamente en corregir los problemas financieros de las EPS o redefinir el papel del Estado, sino de instalar una estructura robusta y autosostenible de servicios, con base en decisiones técnicas.
Y el quinto reto es político. El éxito del nuevo Gobierno dependerá de su capacidad para comprender que seguridad, economía, política fiscal, salud y productividad no son agendas independientes. Constituyen un mismo sistema. El poder otorga autoridad, pero la autoridad está para servir; y en este caso para resolver estos cinco retos. En una democracia, la autoridad se fortalece con base en la legitimidad que producen los resultados. Ese será el desafío histórico del nuevo presidente y al mismo tiempo, la medida con la que los colombianos juzgarán su legado. Los mejores éxitos, cuentan con millones de colombianos que creemos en los valores que representan la familia, la democracia, las instituciones y el trabajo arduo. Dios guarde a Colombia. Fe en Dios. Fe en la Patria Milagro.