No bote su voto
El voto es el único mecanismo que tenemos para premiar o castigar a nuestros gobernantes y legisladores. El único. Es la posibilidad de premiar eligiendo a quienes pueden contribuir a mejorar nuestras condiciones de vida o de castigar a quienes promovieron reformas que nos llevan a la incertidumbre: inseguridad, menos empleo formal y un sistema de salud colapsado, y ahora con la intención descarada de que echen mano de nuestros ahorros y aportes pensionales.
El voto es un juicio ciudadano y, como todo juicio, exige criterio y memoria. Criterio para defender a quienes defienden los intereses de la ciudadanía; memoria para no olvidar a quienes los han afectado. Permite premiar a quienes han liderado valientes debates, como el rechazo a la nefasta reforma a la salud que pretende eliminar y asfixiar a las EPS, para pasar a un sistema público controlado por el Estado. Premiar a quienes se opusieron a la consulta popular, buscando saltarse el Congreso y las cortes, y llevar así los debates al “pueblo” para generar insurrecciones, caos y presión a través de la protesta social violenta.
El voto también permite castigar las malas leyes, que no son accidentales, pues tienen autores y cómplices que las aprobaron. Por ejemplo, partidos y congresistas que apoyaron la Ley 2272 de paz total, que hoy nos tiene con 300.000 hectáreas de coca y 25.000 integrantes de grupos ilegales, las cifras más altas en la historia del país, asediados ahora por ataques con drones, carros bomba y atentados hasta en ciudades capitales.
Castigar a los candidatos de partidos de gobierno que aspiran de nuevo a una curul, que han respaldado iniciativas y decretos como el de la reforma pensional, que despoja a los trabajadores de sus ahorros al transferirlos al régimen público, en vez de permitir que sigan en los fondos que escogieron, llevándonos a una nacionalización del ahorro pensional para, como ya lo dijeron, hacer otras “inversiones”; en pocas palabras, expropiar nuestro ahorro.
Debemos revisar quiénes levantaron la mano para complacer al gobierno de turno y qué nos han traído sus reformas. Votar no se trata solamente de simpatías personales; se trata de responsabilidad. Votemos, no cometa el error de quedarse en casa o ser indiferente. Es la posibilidad de expresarle a este gobierno que defendemos la democracia, máxime ahora, cuando promueve una nueva asamblea constituyente “popular”, como la llaman, precisamente para acabar con los contrapesos institucionales, modificar el sistema económico y productivo y llevarnos a un modelo estatizado, como quieren con la salud y las pensiones.
El voto verdaderamente útil es el voto informado. Reconozco jóvenes aspirantes al Congreso con propuestas técnicas, como la reducción del tamaño del Estado, los incentivos a la productividad, la defensa de la familia y la protección de la vida. Reconozco candidatos presidenciales que han presentado programas de gobierno estructurados y gerenciales para recuperar el orden y la seguridad y, desde allí, el campo, libre de grupos ilegales que extorsionan u obligan a cultivar coca.
Reconozco propuestas como la conexión de microcréditos para la educación técnica, digital y orientada al emprendimiento. También incentivos para aprovechar el potencial turístico, agroindustrial y de servicios, promoviendo rutas productivas para familias, cerrando brechas de pobreza, así como planes de contingencia para aliviar la crisis de medicamentos y recuperar una salud de calidad y accesible. En general, aquellos que defienden las instituciones, las libertades y la propiedad privada.
No bote su voto en candidatos que prometen todo y explican poco; infórmese. Tómese el trabajo de averiguar el programa de gobierno de su candidato. Si es serio, estará en la web y en las redes; si no, es más demagogia y pura carreta. Revise a qué partido pertenece, si ha apoyado este nefasto gobierno, porque serán los mismos que buscarán darle continuidad a sus políticas, o si, por el contrario, pertenecen a aquellas bancadas que se le han opuesto valientemente. No bote su voto; es una oportunidad de lujo para premiar o castigar.