Analistas 23/09/2026

Educación, ¿qué hacer?

Ciro Gómez Ardila
Profesor de Inalde Business School
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Si supiéramos qué hacer para mejorar la educación, ya sería ley. He aquí el problema y, al mismo tiempo, la guía para solucionarlo: que no sabemos con precisión qué es lo correcto. El problema, mejor dicho, no es no saberlo, sino creer que lo sabemos. Y la solución, no dejar de buscar.

En el mundo ideal de ciertas personas bienintencionadas, toda la educación sería estatal e igual para todos. Todos los alumnos estarían expuestos a los mismos contenidos y metodologías, y no habría diferencias entre una escuela y otra. Para decirlo con un lema popular: “todos tendrían las mismas oportunidades”.

Es lógico pensar que ese sería un ideal. Si sabemos que una cosa es buena, como puede serlo la vacuna contra el tétanos, todos los niños deberían recibirla. La dificultad en educación es que no lo sabemos y que posiblemente no haya una única respuesta.

En 1993 se reunió a un grupo de sabios, personas con las mayores calidades intelectuales, para que nos explicaran qué hacer. Pero, por ejemplo, ¿cómo podrían saber que unos años después aparecerían las redes sociales y la inteligencia artificial? ¿Cómo, si lo hubieran anticipado, podrían explicar la forma en que afectarían la educación y cómo enfrentar ese reto?

Posiblemente, la única forma de afrontar los retos de educar sea permitir la experimentación. Ya me dirán que cómo se me ocurre proponer experimentar con la educación. Mi propuesta es permitir que sean los padres quienes elijan la escuela, el modelo, la pedagogía que quieren para sus hijos. Las ofertas deben venir de las distintas propuestas de instituciones libres cuyos resultados hablarán por ellas.

¿Cuáles temas incluir y cuáles no? Todos tenemos nuestro dictador interior que quiere que en el colegio se den unas materias y se quiten otras. Yo creo, por ejemplo, que se debería dar economía y derecho, y también estadística y nutrición. Usted tendrá las suyas y rechazará algunas mías. El problema surge cuando a usted o a mí nos dan el poder de obligar a todos los colegios a incluir y quitar lo que creemos rectamente que es lo apropiado.

No es, creo, un tema de intenciones o conocimiento. Claramente quienes regulan la educación buscan lo mejor y se apoyan en estudios y experiencias. Pero los malos resultados de las pruebas Pisa nos muestran que el modelo centralizado fracasa. He tenido oportunidad de escuchar a distintos expertos nacionales y extranjeros explicando lo que pasó. Muchos se inclinan por el daño que pueden haber causado las pantallas, las redes sociales y la inteligencia artificial. Hay un problema con esa teoría y es que hay países en los que las pruebas no cayeron, y en ellos se usan las redes y la inteligencia artificial tanto como en los otros.

Eso no quiere decir que eso no haya influido en los resultados. Pero es casi imposible decir qué se debe hacer, máxime si se intenta que sea una solución universal. Supongamos que se deben suspender las redes sociales para los niños. ¿A partir de qué edad? ¿Del todo o solo parcialmente? ¿Solo en el colegio o también en la casa? Solo los padres deben elegir qué aplica mejor en su caso específico (distinto posiblemente al de su vecino). Y que todos aprendamos de los resultados verificables y mejoremos poco a poco.

Pretender una respuesta universal y única, y su aplicación obligatoria no nos llevará, creo yo, a mejores resultados.

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Inteligencia artificial - Redes sociales - Educación