¿Quién, luego de ver películas sobre médicos, bomberos, abogados o policías, no quiere ser y hacer lo que ellos son y hacen? ¡Qué vidas más intensas, más gratificantes, qué oportunidades de conseguir la pareja soñada y de despertar la envidia de todos los que nos rodean! Sin embargo, los médicos, bomberos, abogados o policías que las ven saben que su vida no es así. ¿Qué podemos decir de las películas sobre los empresarios?
Las películas sobre emprendimientos, empresas y directivos, en lugar de mostrar una vida intensa y deseable, nos muestran ambiciones desmedidas, daños sociales, vidas vacías y riqueza material mal habida. Naturalmente, quienes hacen series y películas no pretenden informar sino distraer, y quienes vemos sus producciones no vamos en busca de un análisis objetivo de la realidad, sino de una sensación de aventura.
El problema surge cuando quienes opinan sobre empresas, empresarios y libre comercio pareciera que se basaran en esas vidas de película. Es como si, cuando hablamos de la labor de los abogados, nos los imagináramos de juzgado en juzgado defendiendo con ardientes discursos a personas inocentes sin un minuto de descanso entre una y otra audiencia, y con una vida matrimonial complicada por el asombroso éxito que los rodea.
Por cierto, cuando por algún motivo tiene oportunidad de ver su forma de vida representada en película, ¿se siente identificado? ¿Habla usted como hablan los protagonistas que se suponen lo representan? Me atrevería a decir que no. Curiosamente, nos parece que “así sí son los demás”, pero nosotros no.
Los empresarios de película invierten el tiempo de sus juntas directivas en ver cómo bajarles el sueldo a sus empleados, cómo engañar a los otros accionistas, manipular a los clientes; en fin, todo un conjunto de actividades inmorales, ilegales o las dos simultáneamente.
¿Será así? Claro, es fácil acusarme de inocencia, pero lo que por décadas he visto no es precisamente eso. Sé que hay empresarios inescrupulosos. Pero lo que he visto es personas interesadas en sacar sus empresas adelante, sortear de la mejor manera posible las dificultades siempre presentes, buscar formas de atender mejor al cliente; en fin, como todos, tratando de salir adelante haciendo lo mejor posible su trabajo.
No es fácil encontrar películas o series en las que se vea la valiosa labor que hace un empresario, sus momentos de duda, sus sacrificios, las dificultades que enfrenta. Solo vemos una caricatura. Quizá eso sea lo que venda y, claro, finalmente, ¿qué son los que hacen películas sino empresarios también?
Una donación de Amancio Ortega, el hombre más rico de España, generó debate. No solo se le culpa por ser rico, sino por añadir el cinismo de hacer una donación. ¿Quién lo creyera? No se habla de su infancia, en la que empezó a trabajar en una sastrería, de que no pudo estudiar por la pobreza de su familia, o de sus aciertos, que debieron generar incredulidad cuando los propuso.
Hoy, cuando muchos empresarios conocidos están donando (reiteremos, voluntariamente) sumas importantes para ayudar en la reconstrucción, al lado de miles de muy pequeños que lo hacen igual, quizá podamos descubrir que, como en las películas de misterio, los que parecían ser los buenos terminen siendo los malos, y el malo, que siempre creímos culpable, sea, en realidad, el bueno.