Norte de Santander y su futuro
El presidente Abelardo de la Espriella recibe un país lleno de problemas, sí, pero también una coyuntura a su favor. Ecuador y Venezuela ofrecen hoy las mejores condiciones para cooperar contra las economías criminales. América Latina converge en torno a la seguridad y la lucha contra el narcotráfico; Estados Unidos vuelve a ver a Colombia como un aliado estratégico, y la economía regional abre puertas que parecían cerradas.
El reverso es igual de exigente. El nuevo gobierno enfrentará una izquierda más fuerte y una ciudadanía que ya no espera resultados; los exige, y pronto. Recuperar la seguridad no bastará si esa recuperación no se traduce en crecimiento, empleo y mejores condiciones de vida.
Pocos lugares condensan esa prueba como Norte de Santander. El departamento aporta cerca de 1,6 % del PIB colombiano, pero concentra una de las mayores extensiones de cultivos de coca del país y de presencia de organizaciones armadas. El Catatumbo prueba que seguridad y desarrollo no son políticas rivales, sino condiciones recíprocas de una misma estrategia de Estado. Sin control territorial no llega la inversión; y sin una economía legal capaz de competirle a la coca, cualquier recuperación militar carece de sostenibilidad y revierte apenas cesa el despliegue de la fuerza pública.
La entrada de Colombia al Escudo de las Américas y el anuncio de US$1.000 millones en asistencia de seguridad abren una oportunidad excepcional, pero sería un error medirla solo en erradicación o capturas. Norte de Santander debe convertirse en un capítulo económico de esa estrategia, la seguridad fronteriza tiene que servir para reconstruir mercados, atraer capital y devolverle escala a una economía de frontera que hoy apenas funciona.
La frontera con Venezuela puede volver a ser una plataforma de producción y exportación. En 2008 el comercio bilateral superó los US$7.000 millones. Con un crecimiento normal, ese intercambio difícilmente representaría hoy menos de $20.000 millones. En 2025, pese a la recuperación reciente, apenas alcanzó los $1.170 millones. La ruptura revela que Colombia perdió durante casi dos décadas uno de sus mercados naturales, donde la proximidad geográfica constituye una ventaja difícil de reemplazar.
Norte de Santander puede recuperar su vocación de corredor de las manufacturas colombianas hacia Venezuela y consolidarse como centro logístico, industrial y comercial de una frontera binacional de 2.219 kilómetros. Eso exige carreteras, energía confiable, conectividad, infraestructura aduanera, financiamiento y seguridad jurídica para aprovechar su potencial minero, manufacturero y agroindustrial, reactivar sus cadenas productivas y conectar a Cúcuta, Ocaña y Pamplona con el interior del país y los puertos del Caribe.
La verdadera victoria del nuevo gobierno no consistirá solo en reducir las hectáreas de coca. Consistirá en que, dentro de cuatro años, producir, fabricar y exportar legalmente desde Norte de Santander sea mejor negocio que cultivarla.