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Si no se mueve a punta de pedal, la ciclorruta no es su lugar

Claudia Díaz Acosta

En Bogotá hemos construido una de las redes de cicloinfraestructura más importantes de Latinoamérica, con 680 kilómetros diseñados para las personas que se mueven a punta de pedal. Son espacios pensados para proteger la vida y permitir una movilidad segura y sostenible.

Hoy, estas personas están en riesgo por la confusión que están generando quienes comercializan vehículos motorizados y los ofrecen bajo la denominación de bicicleta eléctrica, cuando en realidad se trata de una moto eléctrica, un moped o un ciclomotor.

El problema surge cuando dichos vehículos, que alcanzan velocidades mayores a las de una bicicleta y que no requieren que la persona pedalee, invaden las ciclorrutas, incrementando significativamente el riesgo de siniestros. Estamos frente a una situación en la que se están mezclando bicicletas y ciclomotores con características muy distintas en un espacio que no fue diseñado para ello, poniendo en riesgo la seguridad vial de todos.

Por un lado, la Resolución 160 de 2017 del Ministerio de Transporte continúa vigente y, por lo tanto, las condiciones de tránsito allí establecidas para los ciclomotores son actualmente exigibles, restringiendo su circulación por las ciclorrutas.

Por otro lado, la Ley 2486 de 2025 aún no ha sido reglamentada por parte del Ministerio de Transporte; es decir, no se ha emitido un acto administrativo reglamentario que indique cuáles son las condiciones y características técnicas que deben cumplir para eventualmente poder circular por la cicloinfraestructura. Por tanto, esta ley no puede amparar a quienes incumplan la norma actual.

Y, en cualquier caso, esta ley atribuye a las autoridades de tránsito la facultad de establecer tramos específicos de la cicloinfraestructura en los que no se permita la circulación de vehículos eléctricos livianos de movilidad personal urbana, por razones de seguridad vial, operativas o de diseño.

Un aspecto adicional es que los vehículos eléctricos livianos de movilidad personal urbana no han sido incorporados de manera expresa en el Informe Policial de Accidentes de Tránsito (Ipat), lo que dificulta la trazabilidad y caracterización de los siniestros en los que tienen alguna participación. A ello se suma que, al no tener el Seguro Obligatorio de Accidentes de Tránsito (Soat), no existe una cobertura efectiva para la atención de las personas que resultan con alguna lesión producto de los siniestros.

Teniendo en cuenta que la velocidad es uno de los principales factores de riesgo en la seguridad vial, la circulación de estos ciclomotores en ciclorrutas se convierte en un peligro entre usuarios que comparten el mismo espacio, pues pueden alcanzar velocidades superiores a las de una bicicleta convencional. A mayor velocidad, mayor es el riesgo de siniestros y la gravedad de sus consecuencias.

Otro factor es la diferencia de tiempos de reacción entre quien conduce un ciclomotor y quien conduce una bicicleta. En el ciclomotor se requiere mayor distancia de frenado y hay menor capacidad de reacción ante estos movimientos. En caso de un siniestro, los ciclistas, al tener menor masa y velocidad, pueden verse vulnerados frente a otros vehículos motorizados de mayor tamaño y peso.

Por lo anterior, en ejercicio de nuestras funciones como autoridad de tránsito, y sustentados jurídicamente en las disposiciones legales y reglamentarias preexistentes, e incluso en la misma Ley 2486 de 2025, continuamos ejerciendo control de tránsito en ciclorrutas para evitar la invasión de ciclomotores o motos eléctricas. En lo corrido de este año hemos realizado más de 200 operativos de control y desarrollado acciones de sensibilización y pedagogía en vía a más de 700 usuarios de estos vehículos.

También instalamos señalización en 108 puntos críticos de 14 localidades, con tres tipos de señales: prohibido tricimotores, ciclomotores y motos eléctricas. El objetivo de estas acciones es informar, controlar su circulación, fomentar el uso adecuado del espacio público y, sobre todo, proteger vidas.

En Bogotá no nos oponemos a la movilidad eléctrica. Por el contrario, promovemos la sostenibilidad y las nuevas formas de transporte. Sin embargo, este avance debe darse con responsabilidad, poniendo como eje central la vida y la protección de los más vulnerables, especialmente de peatones y ciclistas.

Antes de transitar por las ciclorrutas, infórmese, identifique el tipo de vehículo en el que se moviliza y respete los espacios de cada actor vial. Respetarlos es proteger la vida de todos.

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