El poder de la gratitud
martes, 7 de abril de 2026
Claudia Dulce Romero
¿Cuántas veces al día decimos “gracias” en modo automático? En países como Colombia, nos enseñaron desde pequeños a hacerlo como un acto de cortesía y buena educación. Es, sin duda, una forma válida de reconocer al otro. Pero vale la pena preguntarse: ¿cuántos de esos “gracias” son realmente genuinos? ¿Cuántas veces nos detenemos, de verdad, a valorar lo que otros hacen por nosotros?
La semana pasada, la hija de unos amigos, de apenas 12 años, se me acercó con una sugerencia para esta columna: hablar sobre la gratitud en el liderazgo. Su papá y su mamá le están inculcando este valor, y a ella le pareció importante compartirlo. Su propuesta me hizo caer en cuenta de algo simple, pero poderoso: la fuerza transformadora de la gratitud.
Dice la RAE que la gratitud es “un sentimiento que obliga a una persona a estimar el beneficio o favor que otra le ha hecho o ha querido hacer, y a corresponderle de alguna manera”. Difiero. No creo que la gratitud tenga un componente de obligación; todo lo contrario, la gratitud auténtica no nace del deber, sino del reconocimiento genuino de los esfuerzos que los demás hacen por nosotros.
Con el paso del tiempo, sobre todo en el contexto laboral, muchas personas dejan de agradecer. Se acostumbran a que los problemas se resuelvan, a que las cosas funcionen, casi como si ocurrieran por inercia o por arte de magia. Y en ese proceso, lo sobresaliente se vuelve invisible.
En el liderazgo esto es especialmente evidente. Algunos jefes, al contar con equipos talentosos, dan por sentado el compromiso de sus equipos. Confunden la excelencia con la obligación y lo excepcional con lo mínimo esperado. Ahí es cuando el reconocimiento desaparece y surgen frases que erosionan la motivación: “Agradece que tienes trabajo” o “Para eso te pago”.
Reducir la gratitud a los momentos en que alguien hace “más de lo esperado” es un error frecuente. Construir una cultura de gratitud va mucho más allá, y sus beneficios son a largo plazo. Liderar desde la gratitud implica reconocer no solo los grandes logros, sino también esos esfuerzos invisibles que, sumados, logran llegar a un resultado. Está demostrado que los equipos que sienten reconocimiento de su jefe están más motivados, comprometidos y tienen menos niveles de rotación.
La Fundación John Templeton ha estudiado durante muchos años el poder de la gratitud. Según sus estudios, 70% de los empleados afirmó que se sentiría mejor consigo mismo si su jefe fuera más agradecido; 81% aseguró que trabajaría más duro si tuviera un jefe que reconociera su esfuerzo con gratitud; y 74% de las personas admitió que rara vez o nunca expresa gratitud hacia su jefe.
Y es por esto que la gratitud debería existir en doble vía. Los equipos también pueden sentir gratitud por los líderes que enseñan, confían, acompañan en los momentos difíciles y apuestan por el desarrollo del talento.
A diferencia de un simple “gracias”, la gratitud no es solo cortesía: es una práctica consciente y, en esencia, un acto de liderazgo. Todos podemos fomentarla, tanto en las organizaciones como en la vida personal. Al final del día, vale la pena hacer una pausa y reflexionar: ¿por qué y por quién podemos sentir gratitud hoy? Nunca es tarde para enviar un mensaje y hacerle saber a alguien lo agradecidos que estamos por su presencia en nuestra vida.