Liderar para servir
miércoles, 26 de agosto de 2026
Claudia Dulce Romero
Han pasado 15 días desde el lunes que sacudió a toda Colombia. Han sido momentos difíciles, cargados de emociones y de muchas preguntas, en los que han surgido nuevos desafíos para el país. En medio de ese panorama, lo que más se ha destacado es la enorme solidaridad de los colombianos que, desde distintos lugares, se han volcado a acompañar primero a los damnificados del terremoto y, después, a quienes han sufrido los incendios en Tolima.
Al ver ese esfuerzo mancomunado de tantas comunidades, he vuelto a pensar en el liderazgo de servicio, un concepto promovido por Robert Greenleaf en 1970, quien planteó una idea clave: el liderazgo comienza con el deseo de servir. Y quizás pocas situaciones permiten entender mejor esa idea que una emergencia. En esos momentos, liderar no depende de un rol ni de un cargo. Es, ante todo, una decisión de poner las propias capacidades al servicio de los demás.
Greenleaf sostiene que quien lidera desde el servicio busca el bienestar de los demás y entiende el liderazgo desde una perspectiva que va más allá del poder o el estatus. Es alguien con visión de largo plazo, capaz de mirar más allá de las necesidades inmediatas y de crear condiciones para que otros puedan crecer y avanzar.
Las crisis hacen especialmente visible esta forma de liderar. En ellas se pone a prueba la capacidad de escuchar, tomar decisiones, resolver problemas, coordinar esfuerzos y comunicar con asertividad. También se revela algo más profundo: la disposición de una persona para poner sus capacidades y fortalezas al servicio de los demás.
Ha sido gratificante ver cómo han surgido líderes naturales en distintas ciudades. Personas que, independientemente de su profesión o cargo, han puesto el bienestar ajeno por encima del propio. Han movilizado ayudas, personas y empresas, impulsadas por un deseo de acompañar y ayudar a quienes lo han perdido todo. Y también ha sido evidente que muchos de ellos no están sirviendo por primera vez. La emergencia hizo visible una forma de actuar que ya estaba presente en sus vidas y que, en muchos casos, venía desarrollando desde sus comunidades y barrios.
Ellos nos recuerdan que liderar para servir no debería ser una respuesta excepcional ante una emergencia, sino una manera cotidiana de ejercer el liderazgo. Ojalá la solidaridad que se hizo evidente en estos días no se apague con el paso del tiempo y pueda convertirse en un compromiso duradero con el bienestar común.
El verdadero reto comienza ahora, porque debemos sostener y gestionar toda esta ayuda. No podemos dejar de lado este estilo de liderazgo en los días que vienen.
Colombia ha dejado en evidencia grandes líderes de servicio. Personas que no tenían cargos públicos, que no eran gerentes de grandes empresas ni figuras famosas, pero que lograron movilizar e influir en comunidades enteras. Espero que, como país, podamos seguir demostrando que ayudar y servir a los demás genera un impacto significativo, especialmente cuando sabemos que la reconstrucción de algunas ciudades tomará más de cuatro años.
En últimas, eso es lo que nos recuerda Greenleaf sobre el liderazgo de servicio: poner lo que somos, lo que sabemos y lo que tenemos al alcance de otros. El liderazgo no comienza con un cargo. Comienza cuando decidimos servir.