El Presidente de la República anunció hace algunos días que contará con el empresario David Vélez para liderar el diseño e implementación de una estrategia para mejorar la eficiencia de la administración pública a través de la inteligencia artificial (IA). Es una muy buena noticia que, de tomarse en serio, podría realmente aliviar la situación fiscal y mejorar el entorno macroeconómico.
Por coincidencia, en la misma semana en que ocurrió esta reunión, la industria plástica lanzó i4plas, su Centro de Transformación Digital. El propósito de i4plas es similar al de Vélez: mejorar la productividad y reducir costos e ineficiencias en los procesos manufactureros. Pero más que eso, lo que busca i4plas es apoyar a las empresas a saltar de la teoría a la práctica.
La aplicación de la IA en los procesos manufactureros no es un movimiento reciente. Se enmarca en el concepto más amplio de industria 4.0, que lleva más de una década de desarrollo. La industria 4.0 consiste en un conjunto de equipos y sistemas para mejorar la conectividad y el uso inteligente y predictivo de datos, así como la automatización en las plantas de producción.
Por ejemplo, se instalan sensores de control de calidad en las máquinas para medir factores como consumo energético, temperatura, o características específicas de los productos que se están fabricando. Los sensores se comunican directamente con los equipos, en lo que se conoce como internet de las cosas, y estos, a partir de los datos que reciben, van aplicando ajustes de forma automática. Con ello, se disminuye el porcentaje de artículos defectuosos y los desperdicios, se anticipan fallas en los equipos, se mejora la programación de mantenimiento y se reduce el consumo energético.
Otra aplicación son los gemelos digitales, con los que se simulan procesos industriales de forma virtual antes de invertir recursos para trasladarlos a la dimensión física. De igual manera, la manufactura aditiva sirve para, por ejemplo, desarrollar moldes transitorios para fabricar prototipos y testearlos en las plantas y en los mercados, o directamente para imprimir en 3D bienes a la medida del cliente que no requieran corridas largas ni ameriten la compra de moldes nuevos. Asimismo, están los robots colaborativos que trabajan con los operarios de las plantas en tareas rutinarias y de precisión.
En los procesos de reciclaje existen aplicaciones digitales como visores que, mediante IA, aprenden a detectar tipos de residuos como empaques de ciertos materiales o características, y los clasifican automáticamente hacia sus respectivas corrientes de reciclaje, o esquemas de blockchain para la trazabilidad de materiales en la economía circular.
Una encuesta reciente señala que 78% de los fabricantes de la industria plástica ya incluyen IA en su estrategia, pero reconocen falta de habilidades para implementarla. Es decir, y seguramente como ocurre en otras actividades económicas, la gran mayoría de empresas son conscientes de la revolución digital, pero muy pocas la están aprovechando.
Así como el Gobierno Nacional desarrollará una estrategia de uso de la IA para mejorar la eficiencia del Estado, la industria hará lo propio, lo que se traducirá en crecimiento y nuevas oportunidades de negocios y empleo.