Más riqueza para ahí sí, vivir sabroso
sábado, 8 de agosto de 2026
La revaluación actual del peso, bajo precio del dólar, está destapando un problema endémico del modelo exportador de Colombia y las acciones para corregirla -al menos en parte- pasan de largo que el Banco de la República decida intervenir comprando dólares, pues hay daño colateral y ya. Este mecanismo, que ayuda un poco, agrega más demanda a la economía lo que contradice la idea que la inflación está siendo inducida por el consumo.
Así, es claro que para compensar la apreciación de la moneda hay que remover factores estructurales que la alimentan como la exorbitante cantidad de dólares que llegan por las exportaciones de oro, el mayor parte ilícito, el narcotráfico que alimenta anualmente cuatro puntos del PIB, esto es, $75 billones, una parte a calcular de los ingresos por turismo y de remesas que no tienen sustento. Tranquilamente $200 billones/año.
Solo un dato parte ilustrar que lo conocen José Manuel Restrepo y Miguel Gómez: en el primer semestre de este año, los ingresos de exportación por oro ascendieron a US$3.980 millones frente a US$1.620 millones en 2025 lo que muestra que este año podemos llegar a US8.000 millones, cifras sin antecedentes en la historia nacional, que, aunque están influenciadas por el mayor precio internacional no alcanza a explicar la dimensión. Y un dato más fuerte: El año pasado se exportaron en los primeros seis meses 28 toneladas y este año van 35, con lo que llegaríamos a 70 en esta vigencia. La producción de oro, ligada a regalías, como debe ser, no llega a 60 toneladas. ¿Dónde está la bolita? Todos sabemos.
Colombia tiene un problema serio y penoso: la cifra de exportaciones por persona/año es de US$1.200, la mitad del registro de Perú, Brasil o Argentina y la cuarta parte de Chile y Costa Rica, solo para hablar de los vecinos. En 2022 se exportó US$57.000 millones y en los tres últimos años nos parqueamos en US$49.000 millones, pese a buenos precios de algunas materias primas.
Hay que llorar menos por la tasa de cambio, que es un fenómeno mundial por la devaluación del dólar y actuar sobre lo que se tiene y tenemos margen para bajar costos: las brutales tarifas de la energía, la precaria infraestructura vial y portuaria, la inseguridad en las carreteras, el exceso de trámites, la parsimonia aduanera y los enredos en entes como Invima, Dian y Anla. De todos tenemos cifras: entre enero y mayo de 2026, hubo 309 bloqueos en las vías (Dos por día) y 725 actos de robo (4,5/día) y quemaron 150 camiones, uno al día. ¿Así como?
Hay muchas tareas, pero esta debe ser una prioridad del nuevo gobierno con Abelardo, José Manuel y M. Gómez a la cabeza. Puede que la galería vea otras cositas y los viejitos agradezcan los $400.000 pesitos, que es justo, pero es una gran oportunidad de progresar como lo han hecho países como Corea, Singapur e Irlanda que han salido adelante con tres temas: volcarse a exportar, creer que la riqueza la genera el sector privado y no el gobierno que solo es un aliado y meterle la ficha a la educación y a la formación del talento, para que todos seamos más ricos y ahí sí vivir sabroso.
El resumen lo hacía el gran Álvaro Gómez Hurtado: “tener más para distribuir a los demás”.
- Comprimido 1: el piloto del progreso se podría hacer en una alianza con Perú y Ecuador.
- Comprimido 2: Con mucha esperanza arranca la cuenta regresiva de 48 meses, 1.450 días.
- Comprimido 3: Gran libro acaba de lanzar Carlos Rodado Noriega, “Nuestra historia contada a partir del Caribe Colombiano”. En centralismo de la costa Caribe lo lideran Cartagena y Barranquilla.