Analistas 09/07/2022

No cederle espacio a la incertidumbre

Didier Tavera Amado
Director Ejecutivo de la Federación Nacional de Departamentos

La ciudadanía, cada vez con mayor acceso a la información, comprende hoy mejor que la situación de las finanzas públicas del país y el estado de su economía no siempre dependen de la ejecución de las políticas adoptadas por el Gobierno Nacional o por entidades autónomas como el Banco de la República. El entorno internacional, determinado por complejas variables, también incide marcadamente en ellas.

La decisión de la Reserva de Estados Unidos de subir las tasas de interés, como fórmula de choque para detener la inflación, ha producido un coletazo natural en varias latitudes y los sistemas de banca central de otros países, incluido el nuestro, han venido replicando el modelo. El conflicto entre Rusia y Ucrania, la volatilidad que todavía se advierte en los precios internacionales del petróleo y el nerviosismo que acusan los mercados bursátiles en el mundo son factores coyunturales que obligan a reflexionar y a proceder con cautela.

La inflación se explica también por factores externos como la crisis de la logística internacional, la interrupción de cadenas de valor y las medidas adoptadas en China para mitigar el impacto del covid-19. Con tasas de interés más atractivas en Estados Unidos, el dólar se ha convertido en un activo muy valioso: en moneda de reserva. Por eso su revalorización y el interés de más inversionistas y consumidores en refugiarse en esta divisa.
Aun así, no sería exacto afirmar que la “disparada” histórica en el precio del dólar y la inflación que genera enormes costos sociales en Colombia estén exclusivamente ligados a esas coyunturas. Algunos de los cambios que ya se anuncian en la transición democrática que vive Colombia han generado incertidumbre en segmentos de la producción y también entre aquellos inversionistas extranjeros que siempre reclaman mayor seguridad jurídica y estabilidad tributaria.

La incertidumbre también es natural, pero no es sano cederle más espacio del que ya está copando. Una reforma tributaria estructural como la que se avecina, con el entorno macroeconómico actual, obliga a hacer un sano y saludable ejercicio de equilibrio para sostener la estabilidad de las finanzas públicas. Hace indispensable también que la construcción de consensos que hoy avanza trascienda el ámbito de las colectividades públicas y se amplíe a la academia, a los gremios a las organizaciones civiles y a los territorios.

La inversión social hay que financiarla y eso nadie lo discute. Pero las reformas, por ambiciosas que sean en su concepción (recaudar 50 billones a expensas de una tributaria es un reto mayor), deben ajustarse a las capacidades de la sociedad y a las reglas que aseguran la estabilidad de las instituciones económicas que nos rigen: el Marco Fiscal de Mediano Plazo y la Regla Fiscal, amén de la independencia de la banca central. Se trata de figuras e instituciones que le han granjeado a Colombia la confianza internacional y el acceso al crédito.

Más que aconsejable, resulta indispensable que las reformas tengan un marcado componente regional. Pensar en una reforma tributaria centralizada bajo la égida de la Casa de Nariño y el Ministerio de Hacienda sería ignorar que los departamentos disponen de fuentes tributarias muy limitadas que los hacen dependientes, casi por completo del Sistema General de Participaciones.

En ese contexto es destacable que el presidente electo haya aceptado la importancia de establecer diálogos regionales, no solo enfocados en el propósito superior de la paz, sino también en la formulación democrática de un Plan Nacional de Desarrollo que equilibre la distribución de recursos y fortalezca la capacidad de las entidades territoriales para decidir en materia de lucha contra el hambre, la pobreza y la desigualdad.

En ese sentido el viejo modelo que ha hecho que las fuentes de recursos de departamentos y municipios estén atados a los ingresos corrientes de la Nación debe ser reconsiderado. Resulta difícil explicar, en medio de la actual coyuntura, que las participaciones están atacadas a una inflación galopante. Pero así tendrá que seguir siendo mientras no se exploren fuentes nueves que promuevan, al propio tiempo, la disciplina fiscal en las regiones.

Ahora bien, la mejor contribución que debe hacer el gobierno entrante es generar confianza y garantizar medidas de estabilidad política y económica, para que la reactivación que se nota desde el 2021 se mantenga y el país siga creciendo.

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