Analistas

Descifrando el petrismo

Diego Gómez

¿Por qué a pesar de la corrupción y el mal gobierno sigue habiendo un amplio porcentaje de población que apoya a Petro? Como en la campaña anterior, los candidatos capturados en la polarización no están entendiendo la necesidad de visión de futuro y de cambio que está presente en la sociedad colombiana y están dejando estas banderas a la polarización política y la posverdad.

La persistencia de un respaldo puede comprenderse como el resultado de dinámicas ideológicas, identitarias y estructurales propias de sociedades altamente polarizadas. Más que una aprobación técnica de políticas públicas, este apoyo parece articularse alrededor de símbolos de cambio, representación histórica y ausencia de alternativas políticas creíbles.

Una fracción relevante de la población se identifica con el proyecto político que Petro encarna como una ruptura con élites tradicionales y con modelos económicos percibidos como excluyentes. Para estos sectores, su gobierno representa una oportunidad -aunque imperfecta- de transformación social, redistribución y mayor presencia estatal en ámbitos como salud, educación y política social. Desde esta óptica, los errores de gestión o los escándalos pueden interpretarse como costos secundarios frente a una narrativa de cambio estructural que se considera pendiente en Colombia.

A ello se suma un fenómeno de lealtad política o “voto identitario”. Muchos ciudadanos no evalúan al gobierno exclusivamente por indicadores de corto plazo, sino por afinidad con su discurso, su trayectoria de oposición histórica y su confrontación con actores asociados a desigualdades pasadas. En este marco, las críticas suelen percibirse como ataques provenientes de sectores tradicionales, medios o grupos económicos, lo que paradójicamente puede reforzar el respaldo en lugar de debilitarlo.

La polarización social también contribuye a consolidar un “núcleo duro” relativamente estable, que suele oscilar entre 25% y 35% del electorado. En estos contextos, las posiciones políticas tienden a ser rígidas, con baja movilidad entre bloques, salvo ante crisis de magnitud excepcional. El apoyo, por tanto, no siempre refleja entusiasmo pleno, sino una identidad política consolidada frente a un “otro” percibido como amenaza de retroceso.

El elemento relevante es la falta de una alternativa clara por parte de la oposición. Cuando no emerge una figura que inspire confianza y que no esté asociada a errores del pasado, muchos votantes prefieren mantener su respaldo al proyecto que prometió cambio, incluso si este avanza lentamente. El apoyo se vuelve entonces relativo, más una elección defensiva que una validación entusiasta.

Hay un camino pendiente desde una perspectiva de reconstrucción social. La Teoría U de Otto Scharmer ofrece un marco interesante para abordar esta fractura. Propone trascender identidades polarizadas y facilitar espacios de reflexión profunda sobre el país que se desea, construir más allá de líderes específicos. Las campañas deberían ser la fase de co-creación mediante propuestas de ese futuro común que todos buscamos que permitiría mostrar que la colaboración entre sectores opuestos puede generar soluciones posibles.

Los candidatos están más en la trampa de “bienvenidos nuevamente al 2022” pues recuperaremos el sistema de salud, los niveles de corrupción previos y las finanzas públicas que en plantear los caminos y la visión de la Colombia pendiente que todos necesitamos. Como vamos, las campañas están siendo una oportunidad perdida y, peor aún, hundiéndonos en las polarizaciones del subdesarrollo.

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Gustavo Petro - Colombia - Política