Economía sabrosa
lunes, 9 de marzo de 2026
Diego Gómez
La economía colombiana está marchando por muy mal camino. El crecimiento del PIB esconde problemas profundos. El Estado se endeuda, contrata y gasta, y crecemos jalonados por el consumo, alimentado por transferencias, gasto público y empleo desde el Estado. Esos ingresos las familias los dedican a entretenimiento y consumo suntuario. El país va por el camino de las familias que gastan, no producen ni invierten, y se financian con más deuda.
Nuestra capacidad de generar bienes para el mundo se estancó. En el segundo trimestre de 2025 exportábamos la misma cantidad de bienes que en ese mismo trimestre de 2019; en este cuatrienio han estado estancadas. En cambio, las importaciones pasaron de $228 billones a $250 billones (datos Dane, Cuentas Nacionales, a precios constantes de 2015). A la par, el peso se revalúa en una parte por efectos internacionales y en otra por monetización de deuda y remesas.
La inversión está en sus niveles más bajos históricos. En 2022 invertimos en vivienda $45,9 billones y en 2025, $31,4 billones (ídem, datos Dane). En infraestructura pasamos de $49,6 a $47,2 billones. En maquinaria y equipo de $96,6 a $81,6 billones. Hoy la inversión como proporción del PIB es 16%, la menor en décadas. El país no está construyendo nuevas capacidades empresariales y logísticas y menos familias están adquiriendo o mejorando su vivienda.
La administración pública, educación y salud crearon 245.000 nuevos empleos desde diciembre de 2022. Creció 9,2% mientras el empleo total crecía 7,8% y los sectores de construcción, sector financiero e información decrecían. Manufactura y alojamiento y restaurantes tuvieron buenos desempeños con crecimientos de 14,9% y 22,2%. Desafortunadamente, estos crecimientos respondieron al consumo, no a la inversión.
Hay algo que no cuadra en los datos del Dane. Sus cifras de informalidad no concilian con los datos de afiliación al sistema de salud registrados en la Base de Datos Única de Afiliados. Contrasta que en esta el régimen subsidiado aumentó en 1 millón de afiliados y el contributivo solo en 77.000.
El gasto del Estado como proporción del PIB pasó de 18,7% del PIB en 2019 a 23,2% en el último año corrido, según cifras del Boletín de Información Económica (BIE) del Banco de la República de 23 de febrero. Los ingresos del Estado, por su parte, pasaron de 16,2 a solo 16,6%. Las reformas tributarias no han tenido entonces mayor efecto y en cambio sí han distorsionado la economía, alejado la inversión y deteriorado la viabilidad de las empresas.
El endeudamiento público, según el mismo informe, pasó de 57,3% en 2019 a 65,8% en septiembre de 2025. Este endeudamiento cubrió la brecha entre ingresos y gastos, a costa de todos los colombianos, sin que ello se tradujera en inversión. Termina un gobierno sin nada que inaugurar y en cambio con un enorme gasto y muchas explicaciones que dar sobre decenas de casos de corrupción en todas sus dependencias.
Tomando el cuadro de Cuentas Nacionales del Dane, contra el cuarto trimestre de 2022 la economía ha crecido solo 5,4%. La administración pública se expandió 17,2% y las actividades artísticas y de entretenimiento 21,7%. La industria se contrajo 3%, la construcción 5,4%, la minería 6,5%.
Mientras los sectores claves de la economía decrecen, nos parrandeamos el país con plata prestada. El guayabo le tocará al próximo gobierno y a todos los colombianos.