Lo que ha fallado es el orden internacional
sábado, 17 de enero de 2026
Diego Gómez
La captura de Maduro fue bien recibida a nivel internacional, pero también desató críticas por no respetar la carta de Naciones Unidas. El comunicado de Sergio Fajardo es una muestra de lo que pretendo explicar. En ella, sensatamente señala que nos alegra y es importante que se haya removido del poder un dictador y criminal como Maduro. Pero anota a continuación que se ha violado el derecho internacional y eso no es aceptable. La posición que pretendo explicar es distinta. Lo que realmente ha fallado y no da instrumentos para resolver los problemas actuales es el actual orden internacional.
El orden internacional derivó del idealismo de Woodrow Wilson con la Liga de las Naciones, retomado y ampliado luego por Franklin Delano Roosevelt con la iniciativa de las Naciones Unidas, y que llevó a la declaración de los derechos humanos y la carta de constitución de este organismo. Retrotrajo del marco del anterior orden de Westfalia el respeto por la autonomía de los estados, pero aquí, bajo la nueva utopía del “Estado Bueno” con gobernantes buenos. Un orden basado en los Estados Nación que se encontraban como pares en una comunidad internacional. Esto terminó generando un orden jurídico que protege regímenes como los de Maduro, Ortega, Ali Jamenei y Kim Jong-un.
Como es francamente inaceptable y no soportable para la opinión pública global que continúen abusos y situaciones como las de Venezuela o Irán, se genera el espacio para que el matón del barrio haga gala de su perfil de justiciero salvador, que es lo que ha hecho Trump. La falla en el orden internacional actual es lo que está facilitando que emerjan los Putin, Xi Jinping y Trump. La crisis del actual orden mundial la lideran de facto estos tres personajes con pretensiones territoriales y acciones unilaterales que han quebrado los acuerdos implícitos de buenas maneras que siguieron a la Guerra Fría.
Las dinámicas globales de comercio, comunicaciones y cambio tecnológico están generando un nuevo orden que será una construcción muy distinta. Emergerá no de las tres guerras previas, incluyendo la guerra fría, cuyo fin y dinámicas complejas posteriores han hecho evidente el agotamiento de los acuerdos globales. Emergerá de la interdependencia que se ha generado con la globalización.
Hoy tenemos una sociedad global en que la tecnología eliminó fronteras. Una sociedad en la que los estados atraviesan crisis fiscales y de legitimidad, en la que las ciudades emergen como hábitats amigables e interconectados. ¿Vamos a un mundo de ciudades y ciudadanos libres como analizan Richard Florida o Glaeser en “El Triunfo de las ciudades”? ¿Una nueva Utopía en términos de Peter Neuman para el siglo XXI? Europa empieza a parecerse ahora mucho más a eso, ciudades y regiones más que a naciones. ¿Nos dirigiremos a una nueva sociedad liberal que emerge de un nuevo orden espontáneo, en términos de Hayek, o una en donde imperan los estados dictatoriales?
Para Karl Popper, la sociedad abierta, más que una utopía, es un camino. Desde esta perspectiva, la sociedad abierta no se propone como un estado final perfecto ni como un modelo acabado de sociedad futura. Esperamos que esto logre marcar el largo plazo. En el corto, veremos imperar la ley del más fuerte, y solo salimos bien si el más fuerte sigue siendo una democracia liberal.