Nueva York en el camino de Detroit
sábado, 24 de enero de 2026
Diego Gómez
¿Puede Nueva York seguir un rumbo similar al de Detroit? El debate en torno a la agenda del alcalde electo Zohran Mamdani en New York ha reactivado comparaciones históricas con ciudades estadounidenses que experimentaron un deterioro económico y fiscal prolongado, entre ellas Detroit. Si bien los contextos productivos y demográficos difieren de manera sustantiva, ciertas políticas propuestas, en particular aquellas relacionadas con gasto social, regulación de mercados y presión impositiva local, podrían activar mecanismos que la literatura urbana ha identificado como problemáticos en el caso de Detroit durante la segunda mitad del siglo XX.
Uno de los paralelos más relevantes se relaciona con la expansión del gasto social financiado principalmente a nivel municipal. Detroit incrementó progresivamente su gasto en servicios sociales, vivienda pública y empleo municipal como respuesta a la pobreza urbana derivada de la desindustrialización. Estas medidas respondían a necesidades reales, pero se implementaron en un contexto de contracción de la base tributaria, lo que redujo la flexibilidad fiscal del gobierno local. De manera comparable, propuestas como el cuidado infantil universal gratuito, la gratuidad del transporte público y la creación de supermercados subsidiados en Nueva York podrían elevar el gasto estructural de la ciudad. Si estas iniciativas no cuentan con financiamiento estatal o federal estable, podrían aumentar la rigidez presupuestaria frente a ciclos económicos adversos.
Un segundo elemento es la presión impositiva concentrada en empresas y contribuyentes de Una elevada presión impositiva concentrada en empresas y contribuyentes de altos ingresos, junto con una fuerte fragmentación metropolitana, puede incentivar la relocalización de capital y hogares hacia jurisdicciones cercanas con menores cargas fiscales; en Detroit, el aumento de impuestos locales buscó compensar la pérdida de ingresos, pero pudo haber acelerado la salida de empresas, mientras que en Nueva York medidas similares podrían generar efectos comparables dada la proximidad de estados competidores. A ello se suma la regulación intensa de mercados como el laboral y el inmobiliario, que en Detroit derivó en rigideces institucionales, costos laborales, pensionales y regulatorios, que limitaron la capacidad de ajuste ante la contracción económica.
No obstante, es importante subrayar que Nueva York no reproduce las condiciones estructurales que hicieron particularmente vulnerable a Detroit. Su economía es altamente diversificada, con un peso significativo de servicios financieros, tecnología, cultura y turismo, y se inserta en una mega región global con alta capacidad de generación de ingresos. Estos factores podrían amortiguar los efectos negativos de políticas mal diseñadas. Sin embargo, la comparación histórica sugiere que incluso ciudades con ventajas estructurales pueden enfrentar deterioros graduales si se combinan gasto rígido, presión fiscal localizada y ausencia de coordinación metropolitana.
Las políticas propuestas por Mamdani podrían reproducir algunos mecanismos observados en el declive de Detroit. La lección no es que el gasto social o la regulación conduzcan inevitablemente al declive, sino que su diseño y financiamiento resultan determinantes para evitar trayectorias de erosión económica acumulativa.
Detroit implementó las políticas cuando ya estaba en una dinámica contractiva. Nueva York se reinventó en los años 70 y mantiene una dinámica ascendente. Pero vive de que su capital humano, generador de valor, esté bien, a costos razonables. Un deterioro de la ciudad generaría una dinámica de relocalización empresarial y humana que luego sería difícil de revertir.